Con 25 años de estar trabajando como cocinera dentro de la Secretaría de Seguridad Pública, Esperanza Julia Vásquez Robles, ha padecido los mismos riesgos que sus compañeros, cuando tienen que salir a poblaciones con problemas sociales.
Explicó que cuando existen problemas en algunas comunidades, la envían de comisión, “cuando mis compañeros los operativos salen, llevan cocineros y nosotros preparamos comida para ellos”.
Al igual que los operativos, trabajan 24 horas y descansan un número igual, “cuando se realizan las fiestas de las Guelaguetza, nos encuartelan a todos en general, hasta que se termina esta festividad, pero ya estoy acostumbrada así como mi familia, eso no es nuevo para nosotros que de cierta forma estamos en lo que consideramos lo que es nuestro segundo hogar”.
“Aunque esto es un poco difícil, porque como mujeres, nos exponemos también a que nos pueda pasar algo afuera, como cuando fuimos a Mazatlán Villa de Flores, ahí nos iban a quemar dentro del autobús, ya le habían rociado la gasolina y nada más estábamos en espera que arrojaran el cerillo, y es que en aquellos años pensaban que andábamos armados y sólo llevábamos toletes, ahora sí tenemos armas y vamos confiados porque tenemos con qué defendernos”, mencionó.
Refirió que existen comunidades a las cuales tuvieron que asistir y donde se la pasaban hablando sus dialectos y nosotros sin comprender lo que decían, “porque ellos se ponen de acuerdo y nada más nosotros nos preguntábamos que pasaba, y en esos momentos se nos olvidaba que teníamos familia, entonces, nada más estábamos pensando a qué hora nos quemaban o mataban y ya, hasta ahí se acabó nuestro servicio y nuestra forma de vivir que llevamos en la corporación”.
Reconoció que es un poco difícil ser mujer policía, “pero a la vez es bonito, porque conoce uno otras partes del estado, así como personas, y la corporación es casi nuestra segunda casa, pasamos momentos felices, tristes y difíciles”.
A lo largo de estos 25 años su familia ya se acostumbró a que a veces llega tarde, otras que no puede salir por estar tapada la ciudad, “ya se acoplaron a la forma de vida que llevo en este trabajo”.
De 800 a 900 son los platillos que tiene que preparar junto con otros cocineros, “en estas fechas rebaza el número de mil personas, por lo que se prepara la alimentación tanto del cuartel, así como los que cuatro de mis compañeros salen a repartir a los módulos, por lo que se prepara para todos ellos”.
Explicó que el encargado de cocina sabe cuántas raciones se deben preparar al día, “tanto de fruta, carne, él ya sabe cuántas cajas de sopa, arroz, frijol, da para el servicio, nosotras nada más recibimos y preparamos, pero los almacenistas ya saben cuánto nos entregan para preparación, aquí está todo perfectamente coordinado, porque somos dos turnos, el que entramos a las 07:00 horas y el que nos releva que entra en el mismo horario del otro día”.
Al igual que sus compañeros, todo el día están activos, ya que desde las 12 del día preparan los platillos de la comida y avanzando lo de la cena, y cuando se termina eso, se empieza avanzar con lo del desayuno, el cual empieza a las 05:00 horas, “pero como los repartidores salen más temprano, entonces, hay que avanzar un poco porque salen a las 03:00, 03:30, depende de la hora en que los encargados les digan a que hora se puedan ir a repartir los alimentos”.
Y es que, cuando la ciudad está bloqueada, los sacan más temprano, para que el tiempo que pierden los conductores de las unidades, de estar buscando por donde entrar, significa una pérdida de tiempo y les llega fría su comida.
“Este es un trabajo arduo, pero bonito, donde cada turno guisa lo que ya se encuentra programado en el menú, para el otro día ya es diferente, porque van surtiendo las carnes a las 04:00 por si acaso está bloqueado, esto, para que no le agarre la tarde en cocimiento a la carne; por eso, es bonito y me da gusto estar en la policía estatal”, concluyó.
