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Ser zapatero, todo un arte en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Actualmente no es un oficio o una profesión por la que muchos jóvenes o niños se decanten. Mucho menos es considerada como un área en la que exista una gran demanda por aprender cómo se lleva a cabo.


Sin embargo, el paso del tiempo ha convertido a la renovación de calzado, como ha hecho con otros muchos oficios, en un arte, en una tradición que aunque siempre será necesaria, poco a poco se va extinguiendo.


Muestra de ello es el caso de Raúl López, mejor conocido como "Ruly", el zapatero más recomendado y conocido de la zona de Santa Lucía del Camino y 5 Señores. 


Con 37 años de experiencia y trabajo en el ramo y con más de 20 en su actual negocio, ubicado en Camino Nacional, justo frente a la iglesia de Felícitas y Perpetuas, Ruly ha visto desde dentro todo el proceso de cambio de la renovación de calzado y de los propios zapateros.


Conserva el trabajo artesanal


“Ahorita ya ha variado bastante y es más fácil, es más fácil pa’ nosotros. Como 10 años tiene que hacía yo bastantes suelas de cuero, bastantes suelas de neolite y ahorita ya no, ahorita ya nomás es cosa de poner esas, pegas, pum, coses y ya se va de volada”, contó sobre cómo es ahora el trabajo en la mayoría de casos.


Pese a que los procesos se han agilizado, los materiales han cambiado y las técnicas de los zapateros no son las mismas de antes, todo es cuestión de adaptarse, según Raúl. 


“No tanto fíjate, lo de nosotros es artesanal, es manual, en serio. Yo sigo trabajando igual, con cuchillas, todo. Tengo aquí mi taladro, mi máquina, allá tengo mi motor de acabado. Eso es lo único que he ocupado desde que empecé a trabajar. Pa’ vulcanizar, sí vulcanizo, pero pues agarro una parrilla eléctrica nada más y ya nada más se pone con el pegamento especial que es para vulcanizar y ya lo une, lo remachas y ya queda”, comentó.


En ese sentido, la mayor evolución que López ha percibido en su oficio, atiende al empleo de materiales que son más populares.


“Mira, los cambios principalmente son en los materiales; en primera, yo, cuando empecé a trabajar, se manejaba mucho el cuero, tanto en suela de caballero como en suela de dama; y suela de neolite, de mujer y de hombre también”, precisó. 


Y añadió que “a partir del 2000 para acá, ya empezaron a meter suelas así sintéticas, por ejemplo las de poliuretano o de plástico, tengo ahí varias. Esas ya son de ‘quita-pon’”.


En clientes, hay de todo


“Ya casi no se ocupa mucho el cuero, pero sí se pone todavía. Por ejemplo, yo se lo pongo a personas que les gusta lo tradicional. Por ejemplo los que son de oficina les gusta mucho las suelas de cuero, tanto damas como caballeros”, afirmó sobre los clientes que llegan a su taller con gustos especiales.


Entre todos, son a los que más ubica. “Sí, por ejemplo, yo tengo mucho cliente que trabaja en oficina, por ejemplo licenciados y demás, puro cuero me piden. ‘No me pongas de esa sintética’, dicen, puro cuero. Les gusta que suene y que se vea bonito pues”, explicó. 


Sin embargo, también se encuentra con otro tipo de personas. “Aquí llega gente a veces así especial que dice ‘mira, nada más es una tapita y esto y cuánto’; ellos se ponen precio, no valoran la experiencia, el aprendizaje adquirido a través de los años, piensan que nomás es de hacerlo, ponerlo y que cualquiera lo puede ser. Y sí, cualquiera lo puede hacer, pero que te quede bien, esa es la diferencia”, mencionó.


Por otra parte, valoró la experiencia que le deja realizar su trabajo y siempre, además de cumplir con lo encargado, dar un plus.


“Yo tengo más clientes entre las damas y son más exigentes, pero eso te ayuda a ti para que te esfuerces un poquito, que vayas aprendiendo, nunca acabas de aprender eh, nunca acabas de aprender”, aseguró. 


Un oficio menospreciado


Raúl López empezó a trabajar desde los 11 años de edad; actualmente tiene 48 y desde que comenzó en la renovación de calzado ya no la ha dejado a pesar de abrirse otras oportunidades. Quizá por ello no esté de acuerdo cuando la gente ‘hace menos’ al oficio de zapatero.


“Llegan chavos y veo que no les gusta pero trabajan, pero después se van por otros oficios, se les hace aburrido o no sé, poca cosa. A veces mucha gente prejuicia que un zapatero pues está… o sea, que es menos que otra profesión. A veces, socialmente, porque que digan ‘mi novio es zapatero’ o ‘mi marido es zapatero’, o sea como que socialmente como que lo menosprecian, es lo que he visto”, dijo.


A pesar de lo que la gente pueda pensar, los zapateros son auténticos artesanos tradicionales, pues con las manos hacen trabajos que ni las máquinas podrían llevar a cabo y realizan creaciones únicas, nada de producción en masa. Cada pieza, cada trabajo es diferente y único, ahí radica el arte. 

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