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Fantasía, suposición y engaño

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Ana Carolina Yáñez Orozco

El pasado lunes, una compañera de trabajo me envió un TikTok donde expone una situación bastante común, lo cual motivó esta nota. Sobre el rostro de un joven con una sonrisa sarcástica se leía una oración: "tú con carencia comunicativa y yo tan bueno para suponer cosas".

Hablar de la suposición dentro de una relación amorosa, contexto del citado TikTok, me hizorecordar un fenómeno psíquico —ahora que estoy en la formación de psicoanalistas, sé que así se les dice a las expresiones nacidas del alma—. Este fenómeno, la fantasía, es donde se ancla en los seres humanos el acto de crear supuestos.

Juanito —el hijo del señor que vende papas fritas fuera del edificio dónde trabajo— tiene una capacidad enorme de imaginar. A sus 5 años, él ya cumplió su deseo de ser el hombre araña mediante la fantasía: toma postura, se pone en cuclillas con una de sus manitas en el suelo mientras con la otra avienta telarañas con las que envuelve a sus enemigos.

En la adultez, cuando somos tocados por los efectos del enamoramiento, echamos mano de recursos anímicos ya conocidos, pues la fantasía cumple cabalmente su función cuando de sentirnos complacidos se trata. Doña Mari —una señora de edad avanzada clienta frecuentedel mercado Agustín de la Rosa, en el municipio de Guadalajara— hace unos 15 días nos contó a su amiga, doña Cleme y a mí, que Joaquín, su esposo, cuando era joven, le llevaba flores cada ocho días. Ella pensaba que era porque él estaba profundamente enamorado y agradecido por todo cuanto ella hacía por él. ¡Vaya desilusión que se llevó doña Mari, cuando, en aquellos ayeres, le dijo a su enamorado!:

—¡Joaquín, ya no gastes tanto! no me traigas flores cada ocho días.

—No mujer, no gasto, estas flores son las que quitan del altar del templo que está en frente del taller donde trabajo.

—¡Y yo que pensaba que era porque me amaba el desgraciado éste! — nos dijo doña Mari con la amargura del reclamo.

Entonces doña Cleme le preguntó:

—Y usted doña Mari, ¿Por qué supuso que la amaba y estaba agradecido por regalarle flores?

—Porque a una le gusta sentirse querida — le respondió.

Y sí, ahí estuvo su fantasía sosteniendo un supuesto que surgió desde su interior otorgándole un merecimiento que deseaba ser satisfecho.

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