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Los mercados demostraron por qué son el alma de Oaxaca con una calenda espectacular

Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Redacción

Los mercados de Oaxaca no solo surten las mesas; guardan el alma, los secretos culinarios y la identidad de nuestro pueblo. Por eso, cuando sus locatarios deciden tomar las calles, la ciudad entera se transforma. La Gran Calenda de los Mercados se convirtió en una fiesta total, uniendo en un solo abrazo a comerciantes, delegaciones folclóricas y un público entregado al orgullo de nuestras raíces.

Desde el punto de reunión, el estallido de los cohetones rompió el aire y las bandas de viento soltaron las primeras notas de un jarabe que hizo vibrar el suelo. Los marmoteros, con un equilibrio que parece desafiar la gravedad, comenzaron a girar sus enormes globos de tela blanca, mientras los monos de calenda bailaban con sus largas extremidades de trapo, desatando las risas de los más pequeños.

Atrás de ellos, el verdadero motor de la fiesta: las mujeres y hombres de los mercados. Con sus delantales impecables, canastas adornadas con flores y una generosidad inmensa, avanzaban repartiendo dulces, mezcal y sonrisas a los miles de locales y turistas que flanqueaban las aceras. A su lado, las delegaciones daban vida a los trajes típicos de las regiones, llenando la cantera verde de las calles con un arcoíris de listones, bordados y refajos.

Esta calenda no fue un desfile más; fue la celebración viva de la resistencia cultural, el recordatorio de que los mercados tradicionales son el epicentro de nuestra historia. Entre el confeti que volaba por los aires, los gritos de "¡Viva el mercado!" y el zapateado colectivo, quedó claro que la magia de Oaxaca se mantiene más fuerte y colorida que nunca.

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