Pasar al contenido principal

El Yerro: Cuando el “Accidente” desnuda lo oculto

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Ana Carolina Yáñez Orozco

El pasado sábado, en el seminario de formación para psicoanalistas que se imparte en el Instituto de Estudios e Investigación Psicoanalítica (INEIP A.C.), el ambiente no era de una clase convencional, la atención se centró en una distinción semántica que cambia radicalmente nuestra forma de entendernos: la diferencia entre el error y el yerro.

Dos conceptos hermanos

Para la RAE, el error es simplemente un concepto equivocado o un juicio falso, algo que sucede a nivel del cálculo o de un dato externo. En cambio, define al yerro como una falta cometida por ignorancia o malicia, lo que le otorga a quien lo comete una carga de responsabilidad personal, subjetiva —me atrevería a decir—. Mientras el error es un fallo técnico del que cualquiera es víctima, el yerro implica que algo de nuestra propia "voluntad" —aunque no la reconozcamos— se puso en juego. Esta distinción es la que permite al psicoanálisis leer una intención oculta que el simple error no posee.

El encuentro académico analizó la obra de Sigmund Freud para desentrañar cómo lo que llamamos "torpeza" es, en realidad, un mensaje cifrado. Bajo la premisa de que no existen las casualidades en el psiquismo, se abordó el concepto del yerro. A diferencia del simple error —que puede atribuirse a una falla técnica o distracción externa—, el yerro en el tratamiento psicoanalítico eventualmente arroja luz sobre las acciones sintomáticas del paciente. El yerro es ese tropiezo, ese olvido o ese "accidente" que revela una verdad que el sujeto no puede admitir en voz alta.

El texto oculto

El eje teórico de este año del seminario es: El Psicoanálisis en el Testamento Freudiano, donde al estudiar los aspectos terapéuticos del psicoanálisis, terminamos revisandoPsicopatología de la vida cotidiana, de Sigmund Freud, concretamente el apartado VIII: “El trastrocar las cosas confundido”. En dicho texto, Freud desarrolla cómo, tras una aparente insuficiencia motriz, puede esconderse una furia o un deseo reprimido. El psicoanálisis no busca juzgar la "torpeza", sino revelar qué intención inconsciente la empuja. Freud ilustra esto con el caso de un padre que, jugando con su hijo preferido, casi provoca un fatal accidente. Lo que parece un descuido, tras el análisis, puede ser la manifestación de un eslabón que conforma la cadena de pensamientos del padre, aquella tensión entre el amor profundo y los impulsos hostiles que habitan en los vínculos humanos.

Esto que acabo de mencionar puede ser motivo de rechazo o motivo de confrontación para quienes tienen la idea de que los padres no albergan este tipo de mociones, más aún a un hijo amado, sin embargo, por la escucha psicoanalítica tomamos noticia de estas.

La puntualización de la diferencia entre el yerro y el error cobra relevancia en la práctica psicoanalítica porque ésta nos hace ver que no existe un “simple descuido”. El psicoanálisis actúa como un revelador; nos quita la máscara de la ignorancia frente a nuestros propios actos fallidos. El yerro no es un fallo del sistema, es el sistema diciéndonos que hay algo más alláque necesita ser escuchado, es por lo que el Yo opone resistencia durante o incluso antes del tratamiento.

[email protected]

*Esta colaboración es parte de la columna Consultorio del alma. Cuenta conmigo.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.