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Movimiento magisterial: relevo urgente y autonomía sindical

Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Joel Vicente Cortés

Las dirigencias sindicales nunca se renuevan en el vacío. Detrás de cada relevo conviven intereses políticos, disputas ideológicas, estrategias gubernamentales y proyectos de poder que trascienden la vida interna de los sindicatos. En México, la historia del sindicalismo demuestra que las sucesiones gremiales suelen convertirse en escenarios donde se enfrentan dos concepciones opuestas: la autonomía de las organizaciones de trabajadores y la permanente tentación del Estado por influir en ellas. La Sección 22 del SNTE no escapa a esa lógica por el contrario. Su peso político dentro de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), su capacidad de movilización y su influencia en la vida pública de Oaxaca convierten la próxima renovación de su dirigencia en uno de los procesos sindicales más relevantes de los próximos meses. La coyuntura tampoco es casual.

La llamada Cuarta Transformación llegó al poder prometiendo una nueva relación con los movimientos sociales. Sin embargo, más allá del cambio discursivo, persiste una pregunta de fondo: ¿el nuevo régimen modificó realmente la lógica histórica de la relación entre Estado y sindicatos, o simplemente sustituyó los viejos mecanismos de control por otros políticamente más sofisticados? La experiencia de los últimos años ofrece elementos para la reflexión. El gobierno de Morena incorporó a sus filas a dirigentes provenientes de distintas tradiciones políticas, incluidos antiguos cuadros del PRI, del PAN y de otras fuerzas partidistas. Esa estrategia fortaleció su capacidad electoral, pero también alimentó la percepción de que la ampliación de la coalición gobernante privilegió la eficacia política sobre la coherencia ideológica.

En ese contexto, la renovación de las dirigencias sindicales adquiere una dimensión que rebasa lo gremial. La dirigencia nacional del SNTE deberá resolver su propia transición en un ambiente marcado por la cercanía del proceso electoral de 2027, continuar con el darwinismo sindical (no sobrevive el más fuerte sino el que mejor se adapta) o recuperar su protagonismo sindical autónomo. La decisión será estratégica: acelerar los relevos nacional y seccionales antes de la contienda o posponerlos para evitar tensiones inminentes. Cualquiera de las dos rutas tendrá efectos sobre las secciones sindicales del país y, particularmente, sobre Oaxaca que se cuece aparte. La Sección 22 constituye un caso singular. Desde su nacimiento, el movimiento magisterial oaxaqueño (MDTEO) construyó una identidad política sustentada en la autonomía frente al Estado y los partidos. Esa tradición explica buena parte de su legitimidad histórica. Por ello, cualquier tentación de intervención externa en el proceso de relevo no solo afectaría a una dirigencia; pondría en discusión uno de los principios fundacionales del movimiento con efectos hoy imprevisibles.

La historia del sindicalismo mexicano enseña que los gobiernos no renuncian a influir en las organizaciones de trabajadores. Lo hacen mediante diversos mecanismos, abiertos o soterrados: negociación política, construcción de alianzas, incentivos económicos institucionales o respaldos selectivos descarados a determinados liderazgos. Oaxaca no es ajena a esa tradición, habría que tener en cuenta lo ocurrido recientemente en la universidad oaxaqueña (UABJO). Por ello, el verdadero desafío del MDTEO no consiste únicamente en elegir nuevos dirigentes, sino con voto universal recuperar la credibilidad del proceso. 

Así la legitimidad de la próxima dirección dependerá no tanto de quién resulte electo, sino de la convicción colectiva de que la decisión perteneció exclusivamente a las bases. Hoy la discusión no se agota en la defensa de la autonomía del MDTEO. La renovación de la dirigencia también representa una oportunidad para revisar el rumbo del movimiento y de quienes deben encabezarlo. La jornada nacional de lucha recientemente concluida dejó aprendizajes inevitables. El conflicto evidenció fortalezas organizativas, pero también límites tácticos y estratégicos de unos liderazgos agotados y perversos. Persisten demandas históricas sin resolver, mientras el contexto político y social ha cambiado profundamente respecto al que dio origen a la insurgencia magisterial.

Las nuevas generaciones de docentes enfrentan realidades distintas. La relación con las comunidades es más compleja. La disputa por la opinión pública se libra hoy también en redes sociales y plataformas digitales. Los gobiernos (4T) han perfeccionado sus mecanismos de comunicación política y de administración del conflicto. Frente a ese escenario, la próxima dirigencia necesitará algo más que capacidad de movilización. Requerirá inteligencia política y compromiso sindical. Será indispensable actualizar el Proyecto de Educación para Oaxaca (PTEO) más próximo a las bases y menos dogmático, fortalecer la formación sindical, reconstruir alianzas con la sociedad y diseñar formas de lucha capaces de preservar la legitimidad del movimiento sin trasladar los principales costos del conflicto a estudiantes y familias.

La defensa de la autonomía sindical no se convierte en un argumento para conservar inercias.

Al contrario. La autonomía tiene sentido cuando sirve para renovar, corregir y fortalecer la organización desde dentro. El mayor riesgo para el MDTEO no proviene exclusivamente de intromisiones y presiones gubernamentales. También puede surgir de la incapacidad para reconocer sus propios desafíos, sus alcances y limitaciones. En los próximos meses se definirán muchos resortes políticos más que una dirigencia sindical. Estará a prueba la madurez política de uno de los movimientos sociales más importantes del país. 

Si el relevo urgente fortalece la autonomía, la transparencia y la capacidad estratégica, el MDTEO llegará con mayor legitimidad a los desafíos que plantea el escenario nacional. Pero si la sucesión termina atrapada entre disputas facciosas, intereses externos o cálculos de corto plazo, el problema ya no será únicamente quién conduzca la Sección 22. El riesgo será que el movimiento olvide que la principal fortaleza que acumuló durante más de cuatro décadas nunca fue el número de sus marchas. Sino la confianza de sus bases para decidir su propio destino. Esa confianza si se pierde, no se recupera mediante discursos ni consignas, sino con hechos que demuestren que la autonomía sindical sigue siendo una práctica y no solamente una palabra.

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