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Cruz de doble peso: crimen y arrepentimiento en el penal de Ixcotel, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

CENTRO PENITENCIARIO DE SANTA MARÍA IXCOTEL, Oaxaca.-  Aquí, la vida fluye entre el recuerdo y el arrepentimiento. La soledad y esperanza son sentimientos que mueven a cada uno de los pobladores del lugar; algunos buenos, otros no, los más que se dicen inocentes, mientras muchos de ellos, ya aceptaron el peso de su cruz y se hicieron a la idea de que ahí permanecerán por el resto de sus días.


Adentro hay quienes ya no sienten pasar el tiempo, pero hay también quienes anhelan que éste corra para salir de entre esas paredes y demostrar que aprendieron la lección; en algunos hay resignación y en otros, ira contenida, dolor y rencor; pero en todos, creyentes de distintas religiones, hay una coincidencia: su amor y fe en Dios.



El rostro de Cristo herido, es para los pobladores de Ixcotel un símbolo de amor y esperanza. FOTO: Mario Jiménez

La pasión de Cristo


Aarón, de 29 años de edad, tiene la honra de personificar a Cristo en el Viacrucis que este año, representará un grupo de pobladores privados de su libertad (ppl) y comenta que con ello, cumplirá la promesa a su familia antes de ingresar hace dos años y medio.


Emocionado, Aarón recuerda el compromiso que hizo en medio del dolor de saberse un criminal y de dejar a sus hijos, esposa y padres, luego de ser detenido y sentenciado a siete años de prisión: representar a Cristo.


“Mi vida cambió por completo; el error que cometí tiene una justificación: la persona a quien golpeé había agredido a mi madre; mi hermano y yo la defendimos y el agresor murió; ambos estamos encerrados y sentenciados. De pronto, mi madre perdió dos hijos; quise ser Jesucristo porque es una manera de pedir perdón a quien dañé”, comentó.


Con lágrimas, manifestó que la travesía de Jesucristo para él tiene mucho de similitud con su vida: fue juzgado, rechazado, golpeado y humillado, encerrado y crucificado por quienes sin conocerlo lo lincharon públicamente.



No hay momento en que no pida a Dios que me perdone y a la madre del hombre que maté: Aarón

“Dios está aquí, hace dos noches sentí que me hablaba; me pidió calma y me dijo que todo saldría bien; sé que representarlo es un mandato, que él quiere que yo haga mi papel desde y con el corazón, porque aquí la cruz pesa el doble”, puntualizó.


La libertad está en el corazón


Observar una conducta como la de José, resulta increíble para quienes visitamos el Centro Penitenciario; su alegría tiene una razón: su libertad fue declarada, pero antes de irse compartirá el Viacrucis con sus compañeros.


El tiempo que pasó lejos de casa, luego de que lo detuvieran por delitos contra la salud, fue el suficiente para comprender que Dios obra en cada uno y que el destino está trazado para que cada quien aprenda a vivir conforme a las pruebas que Él pone.


Trailero de ocupación, José no pretende ya buscar culpables de su situación, pues con el tiempo ya pagó el delito que le imputan. A José le toca ser Pilatos en la representación que harán el próximo viernes, con motivo de la Semana Santa.


“También fui Pilatos, como muchas personas que en algún momento son omisas, se desentienden, abandonan sus responsabilidades o dejan sus decisiones a otros; las consecuencias, como las que he pagado, son las que debemos enfrentar después y ahí cada quien decide; no es Dios, ni la suerte, es el libre albedrío que nos fue otorgado”, indicó.



Los ensayos previos al Viacrucis, en el Centro Penitenciario de Santa María Ixcotel. FOTO: Mario Jiménez

Despojándose de culpas


José asegura que los siete años que ha pasado en la cárcel, le han enseñado a vivir un día a la vez y despojarse de culpas porque, insistió, lo que se vive es producto de la decisión propia; señaló que vivir esta Semana Santa en el Centro Penitenciario era compromiso y aseveró que aunque la vida es difícil dentro, la libertad también se puede disfrutar ahí.


“Aquí estudié, aquí aprendí a crear un negocio, a dejar de pensar que solo mi labor de trailero era suficiente para mí; aquí aprendí a estar en verdadera libertad, porque irónicamente, aun cuando en este lugar habemos delincuentes, hay códigos de respeto, de honor y no necesitamos, como allá afuera, vivir protegidos por rejas; aquí supe que la libertad está en el corazón”, puntualizó.


La Pasión de Cristo en el Centro Penitenciario se vive día a día; la cruz que lleva a cuesta la población del lugar es pesada y dolorosa, con la diferencia que en ellos, el juicio es producto de actos que dañaron a la sociedad.

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