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Jardín Labastida: nido de adicciones en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Conocido años atrás como la Plazuela de la Sangre de Cristo, el Jardín Antonia Labastida, ubicado en el centro capitalino, no se alcanza a describir actualmente como un espacio ecológico de sana convivencia, sino, al contrario, este añejo espacio verde se ha convertido en un albergue perfecto para el alcoholismo, la drogadicción y la inseguridad, denuncian activistas y vecinos.
 


"Son unos niños"


"No sé qué acuerdo hay entre los policías y los vándalos; cuando llamamos a las autoridades no vienen, y si vienen hablan con ellos y luego se van; aunque tengan la cochinada en la mano (marihuana) no les dicen nada", denuncia la señora Lucía Domínguez, comerciante del lugar.


Detalla que los vecinos tienen bien ubicados a los jóvenes que, afirman, venden la droga. Explica que la marihuana no es la única sustancia que los espectadores han detectado.


 



Los policías revisan a los jóvenes sospechosos en contadas ocasiones; los vecinos denuncian que "hay acuerdos". FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


"Lo hacen a plena luz del día, es triste porque son apenas unos niños, preparan heroína y los estudiantes se la inyectan", acusa Domínguez.


La mujer declara que los policías que realizaban sus rondines eran insultados por los jóvenes sin que mediara siquiera una llamada de atención.


"Los mismos niños los ahuyentan, por eso pienso que hay algo ahí, acuerdos o algo, porque los policías vienen para que no nos quejemos, para callarnos la boca cuando decimos que no hay seguridad, pero les tiembla la mano aunque vean a un tipo borracho orinando en el parque".
 


Área de peligro


Así mismo, don Horacio, vecino del Jardín Labastida, menciona que este espacio, lejos de atraer el esparcimiento de los ciudadanos, es catalogado por los lugareños como un área de peligro.


 



En este parque hay alcohol, indigencia y drogas. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


"Ya que está oscuro, las 11 o 12 de la noche, ya no puedes andar ahí; hay borrachos y los niños estos que traen droga se quedan viendo a uno como queriendo espantarte, y no es que se les tenga miedo, sino que por seguridad ya no puedes caminar por ahí, hasta cargan picahielos (sic)".


Don Horacio comenta que las autoridades han atendido sus llamados de vigilancia, pero denuncia que al paso de los días, el compromiso queda en el olvido.


"Normalmente nos traen policías cuando son épocas de turismo, la Guelaguetza, Día de Muertos y diciembre; aquí siempre hemos visto indigentes y borrachos, pero la droga no se había visto tan descaradamente".


También, enfatiza que el problema de la falta de alumbrado es otra de las razones por la que los jóvenes operan con completa libertad.


"A veces nosotros tenemos que llamar y pedirles que enciendan las luminarias, porque si no, no lo hacen".


 



Los parques capitalinos poco a poco se dañan. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


Epidemia de drogadicción


En la denuncia, realizan el acompañamiento los activictas ambientales Marco Ramírez e Isabel Arellanos; ambos detallan que a partir del seguimiento que iniciaron de la crisis ecológica que se vivió en la capital con el cierre del basurero de Zaachila el año pasado, detectaron la problemática que se está viviendo en el Jardín Labastida.


"Es un fenómeno bastante grave; aquí, las autoridades tienen que tomar cartas en el asunto lo más pronto posible porque hay una epidemia de drogadicción. Esta plaza ya se la adueñaron personas que venden marihuana, heroína y al lado de la preparatoria hay bares", señala Ramírez.


Por su parte, Arellanos afirma que los jóvenes que "se apoderaron del lugar", son muchas veces protegidos por los estudiantes.


"Los alumnos salen y pueden ir por su cerveza o bien enfrente pueden comprar su marihuana. Es bastante crítica la situación y vamos a dirigir un escrito a las autoridades, porque cuando un policía se acerca al lugar en donde están drogándose, los jóvenes que la venden son protegidos por los mismos estudiantes para pasar desapercibidos".


 


Los parques públicos, señalan los vecinos, deben ser espacios de recreación. FOTO: Mario Jiménez Leyva

 


Inseguridad


Lamentan que en el Jardín El Pañuelito se cuente con un módulo de policías municipales, pero en este espacio infestado de alcohol y marihuana, no se acentúe la seguridad.


"Las autoridades parece que son ciegas y sordas, no hay ningún policía controlando esto, urge en este lugar un módulo de policías y urge que a estos no les tiemble la mano para cuestionar a los jóvenes".


No obstante que la mayoría de víctimas de estas sustancias en este espacio son jóvenes de bachillerato, los vecinos también resaltan que adultos ya lo ocupan como punto de reunión para emborracharse.


"Algunos son indigentes, otros no; están igual de sanos como tú o como yo. Vienen y se sientan libremente con sus cervezas a tomar. ¿Te imaginas el escenario? En una banca están los adultos embriagándose y en la banca siguiente los niños fumando y drogándose; no sé qué tengan que esperar las autoridades, así comenzó la perdición del Parque del Amor", concluye Lucía Domínguez.

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