Por Jonatan Sibaja Tapia
La sostuve con los brazos para darle apoyo y caí en cuenta que los años han pasado rápidamente pues, en ese momento, pude hacerme consciente de la edad de mi mamá. Le ayudé a subir al auto para que emprendiera el viaje que se gestó durante veintidós años, bastarán solo 6 horas por los cielos para curar esa espera, y Mamá Leti podrá encontrarse nuevamente con sus hijas. Quienes nos quedamos por un rato sin ella, nos encontramos felices por el reencuentro que tendrá con mis hermanas, sus niñas.
A decir verdad, me siento aturdido. Creo que a la casa de mamá le hace falta su voz. Observocon profunda admiración la templanza inquebrantable y su paciencia infinita, pues ha sabido hacer frente a todas las tempestades de la vida, entre ellas cuando vio a mis hermanas partir, siendo muy jóvenes, ellas ahora tienen a su propia familia. Afortunadamente, además de verlas podrá conocer a los hijos que han concebido.
El tiempo ha seguido su curso y los años han pasado. El cabello de mi madre se ha vuelvo blanco y brilloso, sus pasos se observan cortos y lentos, las enfermedades le han provocado dolores y tristeza. Aun frente a todas estas circunstancias, mantiene el entusiasmo y el amor hacia los demás. El sabor de su cocina y la generosidad al compartir un plato de alimento son sólo algunos de los tantos gestos que dan cuenta de la nobleza de su alma.
Mi madre le agradece al creador le haya dado la dicha de aventurarse al mundo parareencontrarse con personas a las que no ha dejado de amar en ningún momento. Me anoticio de ello pues, en las conversaciones que se dan en casa, aparecen todos los días los nombres de Julissa y Fernanda, mis queridas hermanas mayores. Me atrevería a decir que para Mamá Leti la vida ha valido la pena. Con audacia, amor y presencia ha podido transformar la existencia de los demás.
En usted, madre, he podido encontrar el refugio y la valentía suficientes cuando deboenfrentar aquello que parece quitarme el aliento.
