El sol de la tarde caía pesado sobre la calle División Oriente, en la colonia Ex Marquesado de Oaxaca de Juárez. A simple vista, el edificio de departamentos parecía uno más del centro histórico, sumido en la rutina urbana. Sin embargo, detrás de una de sus puertas, el abandono y el silencio guardaban una realidad dolorosa. Una denuncia ciudadana fue la llave que destapó el caso: varios animales vertebrados permanecían encerrados, presuntamente olvidados a su suerte por la arrendadora del inmueble.
La alerta ciudadana no cayó en saco roto. La maquinaria de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) se activó de inmediato, movilizando a un grupo multidisciplinario de la Unidad Especializada en Combate al Maltrato Animal, perteneciente a la Vicefiscalía Regional de Valles Centrales.
Al cruzar el umbral del departamento, los agentes se encontraron con la escena. Allí estaban ellos: dos perros que, sin entender de leyes ni de abandonos, esperaban una señal de vida. Uno, un can de pelaje blanco con manchas negras; el otro, completamente blanco. La estampa más cruda de la intervención la ofreció este último, quien se encontraba confinado en el interior de una jaula de malla.
El operativo avanzó con la urgencia que el caso requería. Ambos ejemplares fueron asegurados por el personal policial para ser trasladados de inmediato con un perito veterinario especializado, encargado de evaluar las secuelas físicas y emocionales del encierro.
El camino hacia la recuperación
Tras el rescate y la correspondiente valoración médica, el destino de los caninos cambió de rumbo. Dejaron atrás las cuatro paredes del encierro para ser canalizados al refugio “Patitas Felices”, un espacio donde el miedo comenzará a transformarse en cuidado, resguardo y atención especializada.
