Por Silvia del Valle
A propósito de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebra el domingo de la Ascensión del Señor, me puse a pensar que la comunicación es importante en todos los ámbitos de la vida y en especial en la familia.
Al ser la célula de la sociedad también es el lugar donde los hijos aprenden cómo debe ser una buena comunicación, eficaz y veraz.
Una buena comunicación en la familia no se trata solo de hablar mucho, sino de aprender a escuchar, comprender y acompañar con amor.
La comunicación sana crea confianza, fortalece los vínculos y ayuda a que cada miembro de la familia se sienta querido y valorado.
Aquí te dejo mis 5 Tips para tener una buena comunicación en familia.
Primero: Escuchen con atención y sin interrumpir
Muchas veces oímos, pero no escuchamos realmente. Cuando un hijo, el esposo o cualquier miembro de la familia habla, es importante mirarlo a los ojos, dejar el celular a un lado y prestar atención sincera. Escuchar con paciencia hace sentir al otro importante y amado, sólo así logramos una conexión y establecemos vínculos fuertes.
Con los hijos podemos enseñarles a escuchar y poner atención si establecemos turnos para hablar y que todos escuchemos en los momentos en que convivimos en familia como son las comidas o establecer algún tiempo especial para dialogar.
Segundo: Hablen todos los días, aunque sea unos minutos
La comunicación se construye en lo cotidiano. Comer juntos, platicar antes de dormir o compartir cómo estuvo el día crea cercanía y confianza.
No siempre tienen que ser conversaciones profundas; los pequeños momentos también unen el corazón de la familia.
Es bueno establecer momentos para dialogar y que nuestros hijos vean que queremos escuchar lo que ellos tienen que decir. Cuando eran pequeños mis hijos haciamos una recapitulación del día, duraba 30 minutos y cada uno decía en 5 minutos cómo se sintió, qué le alegró, qué le entristeció, etc. Esto nos funcionó muy bien y nos ayudo a conocernos mejor.
Tercero: Corrijelos con amor y respeto
El respeto acompaña al dialogo y a la escucha activa. Los gritos, las burlas o las palabras hirientes lastiman profundamente. Las bromas pesadas o el lenguaje ofencivo deberían estar fuera de nuestra dinámica familiar para evitar que nuestros hijos las aprendan ya que, casi siempre, traen males en lugar de cosas buenas.
Cuando sea necesario corregir, háganlo con serenidad y buscando enseñar, no humillar o desahogar el coraje que tenemos guardado del día complicado que hemos tenido. Las palabras pueden construir o destruir; por eso es importante hablar siempre con caridad.
Una explicación clara de por qué los estamos corrigiendo y de cómo deben ser las cosas correctamente siempre educan y los hacen crecer.
Cuarto: Aprendan a expresar lo que sienten
Nuestros hijos no nacen sabiendo decir lo que sienten, por el contrario, cuando son bebés solo lloran para hacernos saber que algo anda mal.
Poco a poco, con nuestro ejemplo, le van poniendo nombre a lo que sienten y se animan a expresar lo que tienen en el corazón.
Esto no es fácil ya que a veces cuesta decir “me siento triste”, “necesito ayuda” o “te quiero”. Otras veces se puede decir pero quien lo escucha se molesta o se siente agredido y esto no esta bien.
Enseñar a expresar emociones ayuda a evitar resentimientos y malentendidos. Una familia que habla con sinceridad aprende también a comprenderse mejor.
Y quinto: Recen y dialoguen juntos
La oración en familia fortalece la unión y abre el corazón al amor de Dios ya que es un diálogo con Él que puede servir de ejemplo para nuestros hijos de cómo debemos comunicarnos en familia.
Cuando una familia reza unida, también aprende a escucharse mejor, a perdonarse y a caminar junta en los momentos difíciles. Dios puede transformar la comunicación familiar en un espacio de paz y amor.
La buena comunicación no nace de la perfección, sino del esfuerzo diario por amar mejor. Las familias que se escuchan, se respetan y buscan tiempo para convivir construyen un hogar más fuerte, alegre y lleno de confianza.
