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Movimiento Magisterial: ¿Qué opinan las exdirigencias del MDTEO?

Imagen ilustrativa de una protesta de maestros del MDTEO en Oaxaca, representando el debate y las posturas dentro del movimiento magisterial.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Joel Vicente Cortés / Colaborador

Radiografía incómoda de un movimiento en disputa. Con dificultades para reunir quórum, posponiendo decisiones estratégicas y atrapada en una lógica de consultas que parecen más táctica dilatoria que ejercicio democrático, la dirigencia actual del movimiento magisterial oaxaqueño (MDTEO) enfrenta una realidad que ya no puede esconder: el desgaste de un proyecto histórico que comienza a ser cuestionado desde dentro.

Mientras el Comité Ejecutivo Seccional intenta definir —sin lograrlo— la fecha del estallamiento del paro indefinido 2026, el contexto político nacional con apoyo de USA., ofrece una cortina de humo perfecta. Gobernador indiciado, gobernadora operadora de la CIA, crisis de seguridad, tensiones internas en la llamada 4T, agenda mediática saturada y un Estado distraído en múltiples frentes configuran un escenario donde la protesta magisterial corre el riesgo de diluirse. El problema del MDTEO no está solo afuera. Está adentro. 

Un 54% afirma que el MDTEO ha traicionado sus principios, mientras solo un 18% lo sigue viendo como un referente firme. La narrativa épica del movimiento, que durante décadas fue su principal activo político, empieza a resquebrajarse frente a la evidencia de sus propias contradicciones internas. Esas contradicciones tienen nombre. El 82% señala la disputa de intereses de grupo como práctica dominante, mientras apenas un 5% reconoce la existencia de una formación política sólida. Es decir, el movimiento que se reivindica como referente ideológico de izquierda, es percibido por sus propios cuadros históricos como un espacio atravesado por lógicas facciosas.

La crítica se vuelve más severa cuando se analiza la relación con el poder. Casi la mitad de los encuestados (48%) considera que el MDTEO está siendo absorbido por el actual gobierno, y un 69% afirma que ya existe un corporativismo sindical con discurso de izquierda. (Neocharrismo) Aquí se rompe uno de los mitos más persistentes del movimiento: su supuesta inmunidad al corporativismo. Lo que antes se denunciaba como práctica del viejo régimen, hoy aparece —según sus propios exdirigentes— reconfigurado bajo nuevas formas, más sutiles, pero igual de eficaces en la lógica de control político. ¿Jarismo?

En el terreno de la movilización, el diagnóstico tampoco es alentador. Un 50% considera que las formas tradicionales de lucha se han convertido en ritual político, mientras otros las ven atrapadas entre la inercia histórica y la simulación de fuerza. Es decir, la protesta —que fue el corazón del movimiento— corre el riesgo de convertirse en rutina sin contenido estratégico. La crisis alcanza incluso al terreno educativo. El 73% afirma que el PTEO es hoy un discurso sin impacto real, y la mayoría reconoce que la congruencia entre discurso pedagógico y práctica docente es, en el mejor de los casos, parcial. El dato más revelador es el que apunta hacia el futuro interno del movimiento. El 77% considera que el relevo generacional ha sido fallido o inexistente, y la mitad de los encuestados califica a los liderazgos actuales como improvisados. Es decir, no solo hay crisis de proyecto. Hay crisis de conducción. 

Frente a este panorama, la dirigencia actual insiste en consultas a la base como mecanismo de legitimación. Pero los datos sugieren que el problema no es de consulta, sino de rumbo. El MDTEO ya no enfrenta únicamente al Estado. Enfrenta su propia historia. El viejo adagio dice que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. En este caso, los “veteranos” del movimiento no están hablando desde la nostalgia, sino desde la experiencia acumulada de haberlo construido, defendido… y ahora observar su desgaste. Ignorar esa voz no es un error táctico. Es un síntoma. Cuando el movimiento deja de escucharse a sí mismo, suele terminar haciendo exactamente lo que durante décadas criticó: administrar su propia decadencia…mientras insiste en llamarla resistencia. (El instrumento y sus resultados, está disponible a quien lo solicite)

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