Magdalena Zahuatlán, Oaxaca.- A sus siete años Valentina no podrá comenzar clases a distancia el próximo 24 de agosto, como lo estableció la Secretaría de Educación Pública (SEP) en el país, por la contingencia de COVID-19. Aquí la señal de televisión digital es débil e inexistente para la mayoría de personas que viven en las serranías mixtecas.
La falta de señal de televisión en este municipio ha hecho que Valentina crezca sin la dependencia a mirar una pantalla, pero con el inicio del ciclo escolar a distancia, esa ventaja es un punto en contra: no podrá ver los contenidos de “Aprende en Casa II”, como tampoco vio los de la primera parte, por el cierre del ciclo escolar 2019-2020.
“Es imposible que veamos la televisión, no hay señal y la radio tampoco se escucha. No sé por qué no llega”, expresa con decepción Rosa Cruz Martínez, una mujer de 31 años que tras una reciente separación asume sola la jefatura de la familia que conforma con Valentina.
Sin recursos
Con ingresos inestables por la falta de empleo y una educación que no fue más allá del nivel medio superior, la economía de Rosa se limita a lo mínimo y a veces no alcanza para satisfacer lo indispensable, mucho menos para ir a la par de los cambios en los modelos de televisores.
El televisor que tiene Rosa es de tubo catódico. El aparato análogo es grande, pero la pantalla termina siendo pequeña y desde hace un mes que se cambió a casa de su padre, no lo enciende.
Para comprobar que en la pequeña casa -con dos cuartos con techo de lámina y paredes de tabicón- no llega la señal al viejo televisor, Rosa lo conecta a una extensión y batalla para encenderlo.
“Creo que con el cambio de casa se terminó de descomponer, casi ni servía”, deduce unos segundos antes de que el televisor se encienda para quedarse con la pantalla en color azul, pues no hay señal y el decodificador, que por el cambio en 2018 a la televisión digital se vio obligada comprar, tampoco ayuda.
Educación estancada
En teoría, Valentina debió seguir los contenidos de Aprende en Casa desde finales de abril, para concluir segundo de primaria y pasar a tercero, un año escolar que Rosa no sabe cómo lo cursará.
“Realmente me preocupa porque es demasiado inteligente para que se estanque en la televisión, ella tiene ganas de aprender y con la televisión no le será suficiente”, afirma.
Sin una guía ni conocimientos pedagógicos, Rosa se ha esmerado en que Valentina repase las tablas de multiplicar, lea, escriba y aprenda todo lo que le interesa, como la vía láctea y el universo, pero no puede ir más allá de lo que existe en los libros de texto de segundo año.
Los 150 pesos que de manera ocasional gana por quitar durante todo el día la hierba en una parcela no le alcanzan para ahorrar y comprar una computadora que no tendría conectividad a internet.
Dificultades
La fecha para el inicio del ciclo escolar 2020-2021, en la modalidad a distancia, se acorta y el presidente de este municipio rural que no llega ni a los 500 habitantes, Noé López López, tiene claras las dos dificultades:
“En primera no hay señal y luego la mayoría de las familias son pobres, si cuentan con una televisión es muy chica u obsoleta, si no es que no tienen una”.
Él conoce en carne propia las limitantes para concluir estudios básicos y cuyos ingresos se sustentan en lo que produce el campo. Externa su preocupación por la desfortuna de que en cada hogar no se cuente con un televisor ni señal:
“La educación a distancia será algo nuevo para nosotros. La costumbre es la convivencia con los maestros. Como padres de familia tenemos la responsabilidad de educar, pero la mayoría somos campesinos y uno que otro tiene que salir del pueblo a trabajar. ¿Quién se va a sentar con ese niño para implantar en él seguridad y confianza para que entienda los conocimientos delante de una televisión?”
A la par de ese dilema irresuelto, nace otro, el cambio drástico que significará para un niño o niña que ve en la televisión una forma de entretenimiento, entender que ahora será un medio educativo, “¿cómo se va a empeñar en aprender?
Pero más allá de todas las disyuntivas, una limitante mayor se impone. Este municipio se asienta en una loma y sólo en una parte llega la señal de tres canales. La misma dificultad presenta la señal de telefonía celular e internet.
Sin computadoras ni Internet
El servicio público de internet se brinda en una pequeña tienda. La pobreza y la falta de conectividad explican por qué en ninguna casa hay una computadora: “Si un niño o niña de la mitad de la población necesita hacer su tarea, no puede porque no hay señal”.
El regidor de Educación, Agustín Mejía Ramírez, tiene una radiografía más completa. Sólo existe una primaria, la Benito Juárez, a cargo de tres profesores, quienes con la contingencia de COVID-19 no lo llevaron a cabo porque no había cómo comunicarse con los 46 alumnos.
Con el anuncio del arranque del ciclo escolar a distancia, no saben aún cómo se va a cursar a través de la televisión, cuando el 94 por ciento de la población no cuenta con señal abierta y muy pocos pueden pagar por ella.
Aquí, la visión de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de implementar clases por televisión porque 30 millones de estudiantes viven en una casa con un aparato, se vuelve obsoleta, falta lo más importante: la señal.
Tanto el presidente como el regidor de Educación ven el arranque del ciclo escolar “complicado” porque “no tenemos los medios ni estamos preparados, tal vez haya algunas personas que si, pero la mayoría no”.
Migrar
La prolongada contingencia por la COVID-19 rompió la estructura de la educación presencial, afloró las limitantes tecnológicas y evidenció el fracaso de una estrategia que excluye a quienes viven en comunidades rurales, sin señal para sintonizar “Aprende en Casa”.
A Rosa ya le ronda una posible solución en la cabeza. Aunque no quiere dejar el municipio donde nació Valentina, porque aquí la ve crecer tranquilamente, quizá irse a vivir a otro lugar impida que su hija desaproveche su inteligencia por falta de escuela.
