SAN FRANCISCO IXHUATÁN, Oaxaca.- Margarita prepara la comida para su esposo. De la vivienda que compartieron toda la vida, ahora sólo están de pie los muros. El techo desapareció pero, por ahora, esa no es la prioridad.
La vida en Ixhuatán parece retornar a la normalidad. Las hojas de los árboles se mecen en el aire a un costado de los escombros, mientras albañiles colocan ladrillos para reconstruir las casas.
En esta parte las viviendas cayeron preas del terremoto de 8.2 grados del pasado 7 de septiembre y en el que fallecieron seis personas de este municipio de nueve mil habitantes. Además, se registraron más de 2 mil 600 casas afectadas.
La casa o la salud
Margarita cubre su cabeza con un pañuelo rojo. Las quimioterapias no tienen piedad, pero son necesarias; la mujer padece linfoma, “arreglamos la casa o atendemos mi enfermedad”.
Vive con su marido en una pequeña casa de lámina. Apoyada por sus hijos, el carácter de Margarita la tiene más fuerte que nunca, es la muestra de que nunca hay que darse por vencido.
“Padezco de linfoma, debo someterme a quimioterapias; mi cabeza ya no tiene cabellos”, dice Margarita, quien no pierde de vista la comida.
El costo de la quimioterapia ha absorbido las finanzas familiares, “cuando comencé, en un laboratorio particular, me cobraban 15 mil pesos por cada quimio que se aplicaba cada 21 días, ya llevó nueve, sólo me falta una”. Asegura que se ha sentido mucho mejor después de este largo y costoso tratamiento.
La prioridad de Margarita es su salud, “después, si se puede construir la casa, lo hacemos; si no, así que se quede, le dije a mi esposo que lo mejor es que vayamos a asegurar un lugar para ir al panteón”, bromea.
Margarita lucha contra la devastación causada por el terremoto y el cáncer. FOTO: Emilio Morales
Aunque también está consciente que con el apoyo de vivienda otorgado por el gobierno federal es imposible construir una vivienda digna reconoce que muchas personas lo perdieron todo, “digo al gobierno que nos ayuden un poco más, no sólo somos nosotros, hay mucha gente”.
Muy agradecido con todos
A seis meses del terremoto, Pedro vive todavía en su patio. Aunque no se queja. Dice que el apoyo oficial le alcanzó para un cuarto que está a punto de terminar, “aunque me va a quedar pendiente el otro que comencé”.
La esposa de Pedro está sentada en la cama; bajo un plástico negro y un árbol de mango mira fijamente a su marido, parece enojada pero es una mujer extremadamente amable.
Margarita vende dulces de coco, “los mejores de Ixhuatán, sin duda”, afirma su cuñado. El albañil, con cuchara en mano, se alista a pegar otro block para la vivienda de su hermano.
“Estoy muy agradecido con la gente que aportó para que podamos vivir un poco mejor”, dice Pedro con una peculiar seguridad. “Mi familia es pequeña y lo poquito que nos enviaron es bien recibido y lo estamos aprovechando”.
A un costado de la vivienda de Pedro, vive su yerno, Humberto, quien destaca las dificultades que han sorteado en los últimos seis meses, “la vida ha sido un poco difícil,hay que empezar de nuevo”.
Aquí duerme Pedro y su esposa.
La casa en la que viven la construyó con el apoyo que prometieron las autoridades, y aunque ya están instalados no está terminada, “la casa no tiene piso, carece de ventanas, el baño no se ha terminado ”, se lamenta Humberto.
Caminamos, dice el presidente municipal
César Augusto Matus Velásquez, presidente municipal, afirma que se avanza en la reconstrucción, “Ixhuatán va caminando, a seis meses del sismo, busca reconstruirse, retornar a la vida de antes, lo que va a ser muy difícil porque hay un antes y un después tras el terremoto”.
Sin embargo, muchas voces en Ixhuatán están en contra del munícipe, a quien acusan de falta de atención, antes, durante y después de la contingencia.
“Nos equivocamos en poner a esa persona. No nos ha apoyado, no ha venido y ni piensa venir”, asegura un vecino que lo perdió todo por el terremoto.
“Los políticos aquí en Ixhuatán están podridos”, aseguran los vecinos. “Del presidente municipal no tenemos nada, ni un vaso de agua”, es la voz popular en Ixhuatán.
A este municipio lo acechannubes negras. El temor se ha apoderado de sus habitantes quienes evitan salir de sus devastadas casas. Todos saben quién provoca la violencia pero nadie lo dice, “es mejor quedarse callado”, dicen.
La alcaldía de adorno
El palacio municipal de Ixhuatán está de adorno, pues el presidente municipal de este municipio, César Augusto Matus Velásquez, no atiende desde ahí, “está en su casa, casi no viene por aquí”, dice el policía que se encarga de ofrecer información.
El de por sí muy cuestionado presidente, siempre a la defensiva, tiene una improvisada oficina en el interior de su vivienda que, a decir de los habitantes es “bastante lujosa”.
Las voces se escuchan en toda la población, “del presidente municipal no se sabe nada, nunca camina en el pueblo, desde antes del terremoto, nunca lo hemos visto por aquí”, dice un vecino.
El mismo presidente entiende la falta de popularidad en el municipio, “cuando vino el gobernador mucha gente me abucheó, pero es gente que no entiende lo complicado que es estar en esta situación”.
