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Algarabía total en Oaxaca, inician las "vacas"

Foto(s): Cortesía
Redacción

OAXACA DE JUÁREZ.- El timbre ha sonado, y los pequeños no titubean para pegar un grito y alistar sus mochilas.


Los pupitres quedarán vacíos por un largo tiempo, y las niñas y niños están encantados por ello. Libros, cuadernos, lápices y colores dejarán de observarse en el salón de clases. El pizarrón se mantendrá durante un buen rato en blanco.


Ahí están los pequeños, corriendo de un lado a otro, el enorme patio los alberga saltando y riendo


Las niñas se abrazan fuertemente y se despiden como no queriendo. Ellos, en cambio, chocan las palmas de sus manos y prometen no demorar en visitarse.


Con inocentes y tiernas miradas todos caminan hacia la puerta de salida, sus padres y madres les esperan.


Ya no voltean a ver el lugar que dejan, sólo piensan en huir, en dejar atrás las clases de historia, dejar atrás los lunes de homenajes y las cuentas de matemáticas que a pocos les resultan.


Viernes, no sólo fin de semana escolar. Para ellos es el comienzo de un largo descanso. Las vacaciones de Semana Santa han llegado.


"Yo voy a ver a mi abuelita" diría una pequeña mientras su madre asiente con la cabeza.


"Vamos a ir a la playa, argh, hace mucho calor", son las palabras inquietas y enérgicas de un infante que disfruta de la paleta de chamoy que su hermana le ha comprado.


Huyen, escapan, reciben alegres la temporada.


Serán 15 días en que no pensarán en tareas ni en mañanas despertándose temprano. Podrán conciliar el sueño hasta después de las 9 de la noche y sus zapatos boleados los guardarán en el closet.


Así son felices, por ahora.


Pasarán los días y extrañarán a sus cómplices, a sus compañeros de clase, a sus amigos del receso y sus travesuras.


Añorarán volver, así como lo anhelan los pequeños y pequeñas de las regiones olvidadas, a quienes los sismos del año anterior les volcaron en vacaciones eternas tras la destrucción de sus escuelas.


Y cuando vuelvan, la dicha no durará.


Regresarán a sus hogares con enormes horas ociosas.


Sus padres a veces no sabŕan que tarea asignarles o que favor encomendarles para aligerar la ausencia de la escuela y el proceso retardado del progreso.


El paro magisterial que sus profesores alistan a su regreso se perpetrará contra sus derechos. La educación se les negará, el aprendizaje se ausentará.


Las siguientes no serán descanso, serán castigo.

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