Por Redacción NOTICIAS
Al amanecer en la costa del Pacífico oaxaqueño, una pequeña embarcación con artesanos indígenas y biólogos arribó a una cala rocosa cercana a las bahías de Huatulco para continuar una práctica milenaria: la recolección del tinte púrpura obtenido de caracoles del género Plicopurpura.
Mauro Habacuc Avendaño Luis, artesano mixteco de 85 años, encabezó la jornada al adentrarse entre las rocas para localizar estos moluscos, fundamentales para la elaboración del tixinda, un pigmento ancestral que forma parte de la identidad cultural de comunidades como Pinotepa de Don Luis.
Este color, ligado a creencias espirituales y ciclos naturales, ha sido utilizado durante más de mil 500 años en textiles tradicionales, mediante un proceso sostenible que consiste en extraer el tinte y devolver los caracoles a su hábitat.
No obstante, esta tradición enfrenta serias amenazas. La sobreexplotación, la caza furtiva, el turismo irresponsable y los efectos de fenómenos naturales, como el terremoto de 2020 que alteró su hábitat, han reducido drásticamente las poblaciones de estos moluscos. A ello se suma la incertidumbre científica sobre su clasificación, lo que podría debilitar su protección legal.
Ante este panorama, artesanos y especialistas trabajan de manera conjunta para estudiar y conservar la especie, mientras mantienen viva una práctica que no sólo representa una técnica artesanal, sino un legado cultural en riesgo de desaparecer.
