Por Francisco Andrés López Martínez / Colaborador
La deforestación es la desaparición acelerada de bosques por la acción humana: como la tala ilegal para madera, la conversión a pastizales o campos agrícolas y la urbanización descontrolada. No es solo cortar árboles; es la liberación del carbono almacenado agravando el cambio climático, erosión de suelos, desecación de ríos y extinción de especies. En nuestro país, equivale a deforestar un campo de fútbol cada 7 minutos.
En Oaxaca, tierra de montañas y selvas que cubren el 70% del territorio, los bosques no son solo paisajes; son el pulmón que filtra nuestro aire, retiene agua y sostiene economías locales. Pero ¿sabías que hace más de 70 años ya se peleaba por controlar su tala ilegal? Adentrándonos a una ventana al pasado conocemos más sobre la historia para entender por qué el control forestal sigue siendo vital, ante la amenaza de perder 10,000 hectáreas anuales en el Estado, según la SEMARNAT 2025.
Todo arranca en 1951, en el expediente del Fondo Gobierno, Agricultura, Control Forestal, caja 1, expediente 13. Ahí, la Dirección de Fomento Agrícola y Ganadero del Estado recibió un informe clave del ingeniero Gaudencio Palacios Leyva. Este documento detalla la inspección de nidos, es decir, focos de explotación y aserraderos en varias zonas oaxaqueñas, con un listado anexado de explotaciones forestales en distritos como Etla, Ixtlán, Miahuatlán, Zimatlán, Tlacolula, Huajuapan, Tlaxiaco, Cuicatlán y Miahuatlán. Palacios Leyva mapeó puntos críticos de tala, como los de San Miguel del Valle en Tlaxiaco, municipio de San Andrés Zautla, distrito de Villa Etla, San Pedro el Alto y otros. El gobierno de entonces ya aplicaba controles estrictos: permisos, inspecciones y multas para evitar la depredación.
Registros vivos del informe de 1951
Los detalles son fascinantes. El 22 de enero, visitó San Pedro el Alto (distrito de Zimatlán), con tres aserraderos clave: "La Pobreza" (parada, con motor de 70 HP y 20,000 pies en troza); "El Tapanal" (motor de 35 HP, 50,000 pies cerrados y 260,000 en troza); y "El Camote" (50 HP, de la Compañía Forestal de Oaxaca, con 12,000 hectáreas autorizadas por 10 años y 720 metros cúbicos de madera). (Imagen 1, y 2)
El 24-25 de enero, en Jayacatlán (distrito de Etla, propiedad de Pedro J. Lavalle), se suspendió el apeo. Tenían 361,401 pies en patios, equipo potente (caldera de 125 HP, sierras múltiples) y capacidad de 16-18,000 pies por turno. Estos relatos muestran el rigor de las inspecciones de antaño, cuando un caballo de fuerza valía oro. (Imagen 3 y 4)
Este antecedente nos muestra que Oaxaca fue pionera. Entonces, sin drones, el ingeniero cabalgaba para vigilar; hoy, usamos satélites de CONAFOR y aplicaciones como "Denuncia Forestal" para multar talas ilegales (más de 500 casos en Oaxaca en 2025). El control frena la deforestación, causa del 20% de emisiones de CO2 globales, impulsa reforestación. En Oaxaca, se plantó 1 millón de árboles en 2025 y se protegen las cuencas que abastecen al 60% de la población. Para comunidades indígenas como mixtecas y zapotecas, significa soberanía sobre sus montes comunales.
Los bosques son el "padre" de la Tierra, como dicen las lenguas indígenas oaxaqueñas. Regulan el clima, absorben 2.5 toneladas de CO2 por hectárea/año, previenen deslaves y generan 50,000 empleos verdes. Ejemplo vivo: la comunidad de Ixtlán de Juárez exporta madera certificada FSC, ganando millones sin agotar recursos. Sin control, perdemos todo: biodiversidad y futuro.
Te invitamos a conocer este pasado de cerca: visita el Archivo General del Estado de Oaxaca abierto lunes a viernes. Hojea las páginas amarillentas del informe de 1951 y déjate recordar cómo los registros del ayer nos despiertan conciencia para no repetir los mismos errores. Es una puerta al tiempo que inspira reflexión.
