Por Jesús Antonio Martínez Carrasco
Recuerdo cuando entraste al salón de clases. Venías con nuestra asesora de grupo. Ella te presentó ante los que seríamos tus nuevos compañeros. Inmediatamente llamaste la atención de todos y por supuesto la mía. Recuerdo que llevabas el uniforme de escuela, pero tu porte lo hacía ver diferente, ¿habrá sido por tu altura o por el color de piel? Quizás ambas.
Tenías una forma de caminar retadora que junto a ese tic al mover los hombros te hacía ver con un pandillero de la película Blood in blood out. Cuando los maestros hacian sus juntas de la escuela y dejaban al alumnado a cargo de los jefes de grupo, se volvió una costrumbre que tuvieras a tu alrededor un grupo de compañeros escuchándote hablar sobre tus andanzas en otras secundarias de la ciudad, las riñas callejeras y de aquellos infortunados que tuvieron que probar tus puños.
No me acuerdo de tu nombre, pero todos te apodábamos León. Por tu color de pelo medio amarillo y los ojos color miel. Había cierta admiración a tu persona. Yo te admiraba por la temeridad de hacer las cosas que hacías. Siempre retando a los maestros, al prefecto y al director. Eras bueno en las matemáticas. Una vez me senté contigo para que me explicaras algunas cosas de geometría, ya que me había ausentado por dós semanas de la secundaría por un accidenete que había tenido. Ya no recuerdo lo que me explicabas, pero lo que sí tengo grabado en mi memoria eslo vivaracho de tus ojos y la profundidad de tu mirada.
Pero de todo aquello, ya pasaron casi trés décadas. Hace unos días me paré en una de esas tiendas que hay en “cada esquina” de la ciudad e incluso del pais, para comprar un par de botellas de agua. Medio percibí que alguien abría y cerraba la puerta de la tienda a cambio de unas monedas. Al salir con mis botellas reconocí esa mirada profunda y esos ojos color miel. Quedé atónito, por unos segundos estuve inmovil mirándote mientras me pedías unas monedas. Yo alcancé a reaccionar con darte una botella y el cambio que tenía.
Subí al carro y manejé unos minutos mientras procesaba lo que me había pasado. Me pregunté qué habia sucedido en tu vida, ¿dónde estaba tu familia?, ¿dónde estuvimos nosotros cómo sociedad? Decidí regresar para hablar contigo, pero el León ya se había ido.
¿Quieres saber más? Pide informes a los teléfonos 951 235 09 58/951 244 70 06 y ¡Hazte escuchar por un psicoanalista del INEIP A.C.! Visítanos en https://www.ineipac.org/
FACEBOOK:
https://www.facebook.com/Institutodeestudioseinvestigacionpsicoanaliticaac
INSTAGRAM:
https://www.instagram.com/ineip.psicoanalisis
TWITTER:
https://x.com/IneipPsico
