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Andador de letras: Tres días | Primera de dos partes

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Foto(s): Cortesía
Carina Pérez García

Sofía Pech Lartigue

Hace mucho tiempo, más del que pareciera, un viejo campesino cultivaba su huerto, era época de siembra, así que deseaba que su maizal fuera el más glorioso y rico de todo Xuxcáb.

Aunque en temporadas pasadas la siembra no era abundante, tenía fe sobre esta, ya que hace algunos días había hecho un trato con un Alux, un ser mitológico maya, quién haría el deseo del campesino realidad:

—¡Por favor! Ayúdame con mi siembra, necesito que sean los mejores maíces que todo Xuxcáb haya visto y probado.

El pequeño duende prometió proteger el maizal de las plagas y ladrones, aparte de hacerlo el más fértil y rico si el campesino cumplía con una sencilla tarea:

—Debes de traerme, todos los días sin falta, tortillas de maíz y atole recién hechos.

El campesino aceptó con mucha alegría ya que sería una tarea muy sencilla para él y su familia. 

Cerraron el trato. Durante dos meses el maíz del granjero fue el más famoso y deseado de toda la ciudad, el cual fue mezclado con distintas recetas que, con el maíz, tenían un sinfín de sabores exquisitos para el paladar.

La familia del hombre se convirtió en una de las más prestigiosas, enriqueciéndose cada vez más. Eran los más felices, pero hay que recordar, que la felicidad cuesta.

Poco a poco comenzaron a olvidarse de su promesa con el Alux, la cual por algún tiempo había sido una tarea muy sencilla…

Dos días habían pasado sin recordar alimentar al pequeño duende, al tercero, este enfureció. Llamó al anciano para decirle que su trato había terminado, el Alux lo maldijo diciéndole que no podría encontrar la felicidad nunca más.

El campesino se angustió por un par de días sobre lo que había dicho el Alux, pero al no ocurrir nada, lo olvidó. Un día, en medio de toda la siembra, comenzó a crecer un maizal, pero este era diferente…

Crecía y crecía, era el maizal más grande que habían visto en su vida, lo cuidaban día y noche, esperando y esperando, hasta que un día, los primeros tres elotes estaban listos para cosechar.

Al ser solo tres elotes, el campesino dejó comer a su esposa y sus dos hijos el manjar que tanto habían esperado. La familia estaba extasiada, a simple vista, los elotes eran los más brillantes y exquisitos, pero al probarlos, su entusiasmo se tornó en asco y horror: Sabían agrios y amargos, era imposible comerlos.

Los desecharon pensando que serían los únicos con tal sabor, ya que los demás habían sido todo un éxito, pero sólo era el inicio de una pesadilla. 

Continuará el próximo sábado…

El dato:  Siena Sofía Pech Lartigue nació en Oaxaca de Juárez en 2009. Actualmente

estudia en la escuela secundaria general “Moisés Sáenz Garza” de la ciudad de Oaxaca.

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