Pasar al contenido principal

WhatsApp y Facebook, las principales armas del ciberacoso en Oaxaca

Un retrato de Emilio Morales Pacheco, quien habla sobre el ciberacoso en Oaxaca a través de plataformas como WhatsApp y Facebook.
Foto(s): Emilio Morales Pacheco
Alexandra Zolorio

En Oaxaca, encender la pantalla del teléfono o la computadora se ha vuelto un riesgo latente. Durante el último año, el 23.8 % de los oaxaqueños mayores de 12 años que navegan por internet sufrieron algún tipo de ciberacoso. Esta cifra no es menor: coloca al estado en un crítico tercer lugar nacional en violencia digital —empatado con la Ciudad de México—, apenas por debajo de Durango (24.5 %) y Jalisco (24.4 %). De acuerdo con los resultados del Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), detrás de este frío porcentaje se esconde un asedio silencioso que, día con día, vulnera la intimidad de miles de ciudadanos en la entidad.

En una entidad caracterizada históricamente por sus brechas sociales, la conectividad —lejos de ser solo una herramienta de desarrollo— se ha convertido para muchos en un terreno hostil. En Oaxaca, navegar por la red significa, para casi una de cada cuatro personas, enfrentar agresiones que traspasan la pantalla y trastocan por completo la vida real.

Rostros anónimos en la pantalla

El ecosistema digital oaxaqueño refleja además una marcada disparidad de género. Los resultados del MOCIBA 2025 del INEGI revelan que el ciberacoso no golpea a todos por igual, pues la prevalencia es significativamente mayor entre las mujeres, quienes registran un 21.5 % de los casos frente al 19.2 % detectado en los hombres.

A la par de esta diferencia de género, el anonimato se consolida como el arma favorita dentro del estado. El 61.1 % de las víctimas oaxaqueñas no logró identificar a su agresor, perdiéndose en un mar de perfiles sin rostro. Por otro lado, el peligro también acecha en los círculos más cercanos, ya que un 24.2 % de los afectados supo que su acosador era alguien conocido, mientras que el 14.7 % restante padeció el hostigamiento tanto de extraños como de personas de su propio entorno. En los casos donde se logró identificar el sexo del atacante, los hombres fueron señalados con mayor frecuencia como los responsables directos.

Las aplicaciones del asedio: del teléfono al bolsillo

Este asedio viaja todos los días en el bolsillo de los ciudadanos. Las herramientas de comunicación cotidiana se han transformado en los principales canales de hostigamiento, siendo WhatsApp la aplicación que lidera la lista negra con el 41.5 % de los casos. A esta le siguen muy de cerca las llamadas directas a teléfono celular con un 36.5 % y la red social Facebook con el 29.7 %.

Las dinámicas de agresión reportadas en la entidad varían en su ejecución, pero coinciden en su alta capacidad de vulnerar la intimidad. La modalidad más recurrente es el contacto mediante identidades falsas, que representa el 37.2 % de los reportes. El envío de mensajes ofensivos ocupa el segundo lugar con un 32.7 %, seguido por las llamadas de carácter hostil e insultante con un 24.1 %.

El costo emocional y la paradoja de la hiperconexión

Las secuelas de un clic malintencionado no se borran al apagar el dispositivo. El análisis del INEGI mapea el daño emocional directo en la población y señala que el 57.0 % de las víctimas reportó sentir enojo, un 35.8 % experimentó una profunda desconfianza en su entorno y el 29.4 % desarrolló cuadros severos de estrés.

Existe, además, una dolorosa paradoja psicológica y conductual, ya que las víctimas de ciberacoso pasan más tiempo conectadas al mismo entorno que las daña. Mientras que el usuario promedio utiliza internet 4.6 horas al día, quienes sufren acoso elevan su consumo a un promedio de 5.6 horas diarias. Esta hora digital adicional expone a los afectados a un bucle de monitorización y vulnerabilidad constante de la que es difícil escapar.

El muro del silencio: Bloquear antes que denunciar

A pesar de que el 64.9 % de los internautas oaxaqueños implementa alguna medida de seguridad digital —principalmente el uso de contraseñas adicionales o verificación en dos pasos en el 88.9 % de los casos, y datos biométricos en el 48.2 %—, la respuesta ante la crisis es predominantemente individual y silenciosa.

Cuando la agresión ya es un hecho consumado, los usuarios prefieren la evasión inmediata antes que activar el aparato de justicia. El 66.5 % de las víctimas opta por bloquear usuarios, números o cuentas, mientras que el 18.9 % decide simplemente ignorar o no responder al ataque. En un contraste alarmante, solo el 11.7 % de los afectados decide presentar una denuncia formal ante las autoridades.

Esta mínima tasa de denuncia formal deja al descubierto una profunda desconfianza en las instituciones encargadas de perseguir los delitos cibernéticos en Oaxaca. Mientras el marco legal y las fiscalías intentan actualizar sus protocolos bajo el panorama que dicta el MOCIBA, el ciberacoso permanece impune en la gran mayoría de los casos, normalizándose erróneamente como el costo invisible por el simple hecho de estar conectados.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.