En esta zona de la incipiente sierra sur parece obligado el silencio, la soledad en el camino, el escaso tránsito, los extraviados caminantes y miradas ocupadas en cualquier otra cosa, menos en ver quen llega de fuera. Siete kilómetros separan a Mengolí de Morelos con su cabecera municipal, Miahuatlán de Porfirio Díaz; en esa distancia, al parecer, la consigna es simular indiferencia ante el visitante.
El trayecto hacía la comunidad es relativamente corto, a Mengolí de Morelos le antecede San Felipe Yegachín, ambas comunidades abrazan a uno de los 19 Centros Federales de Readaptación Social (Ceferesos) que existen en el país; espacio cuya población penitenciaria es considerada de mediana y alta peligrosidad, criminales y delincuentes vinculados al crimen organizado.
Previa cita con la autoridad auxiliar de esa agencia municipal miahuateca, NOTICIAS, Voz e Imagen de Oaxaca, llega a la zona para saber qué tan cierto es que, desde la llegada del Cefereso ha crecido el índice de delincuencia en esas comunidades; al paso, el primero en salir a la defensa es Marino, quien sustituye al agente municipal que, al igual que el de Yegachín, se ausentaron de última hora “por causas de fuerza mayor”.
Antes de ser cuestionado y, bajo la advertencia de que no se mencione su verdadero nombre, Marino ataja: “No crea que nos amenazan, no, en nuestro pueblo hay muy poquita gente y las casas están muy alejadas unas de otras, por eso no ve a casi nadie, aquí de verdad no pasa nada, es muy tranquilo y vivimos en paz”, dice.
Torres de vigilancia contrastan con humildes casas. FOTO: Emilio Morales
A la plática se agrega Francisco, con toda la disposición de hablar de Mengolí, siempre y cuando tampoco se mencione su nombre, porque “le da pena salir en el periódico”.
¿Vergüenza o miedo?, se le pregunta, a lo que apresurado responde que es pena, que no hay nada que les impida hablar, que allí nada pasa y que el Cefereso nunca les ha causado problema.
Bloqueado el celular
Francisco asevera que lo único que les afecta es la falta de señal telefónica, la cual fue suspendida en toda la zona debido a las medidas de seguridad que establece el sistema penitenciario, fuera de ello, Mengolí es un territorio de paz.
En el edificio que ocupa la agencia municipal, sus autoridades señalan que esta comunidad vive solo de la albañilería, la siembra de maíz y de frijol, que las pocas familias que existen cuidan las propiedades que dejaron los suyos al emigrar a Estados Unidos y, que la única ocasión que se vieron beneficiados por la Federación es cuando se construyó el penal porque los contrataron para apoyar en ese trabajo.
La "zona del silencio" en la cual está bloqueada la señal del celular. FOTO: Emilio Morales
¿Y qué hay de la renta de viviendas a familiares de los reclusos y de lo que se dice de respecto a la presencia de delincuentes en la zona? se les cuestiona; “de verdad, aquí nadie ajeno vive, ni lugar tenemos para rentar, eso es Yegachín, aquí nunca ha pasado nada, vivimos muy tranquilos”, insisten.
Deserción escolar, reflejo del miedo
Cerca del lugar se encuentra la escuela primaria Vicente Guerrero y es justo ahí donde se refleja que, en Mengolí de Morelos, el miedo les hace guardar silencio y emigrar.
La matricula escolar la conforman 33 niñas y niños, que son atendidos por dos profesoras; el registro de estudiantes disminuyó este año, entre otras cosas, porque para llegar a la escuela los pequeños que provienen de los barrios Nanche y el Chino deben andar por largos tramos solitarios y, ello implica el riesgo de que se los puedan robar, dice una madre de familia.
“El año pasado se corrió el rumor de que andaba una camioneta robándose a los niños, nos dio mucho miedo, tanto que en algunos casos hasta dejamos de traerlos a la escuela, eso provocó que este ciclo escolar haya tan poquitos alumnos”, comenta y agrega:
“Nada más no diga quien soy, aquí lo cierto es que nunca recibimos nada de la gente del penal, ni trabajo, ni todo lo que dijeron que nos iban a dar, la escuela por ejemplo, nunca ha recibido apoyo alguno y ellos lo prometieron, pregúntele a la maestra, y de la autoridad, ni para cuando, trabajan solo dos días a la semana, aquí no es que haya paz, aquí nadie habla porque les da miedo, como la gente del Frente Popular Revolucionario (FPR) amenaza por todo, pues mejor se callan”, acusa.
La vida cotidiana, trastocada por el silencio y la ficticia indiferencia. FOTO: Emilio Pacheco
Cólera, robos y temor
A decir de la directora del plantel escolar, Estéfani García, la presencia del Cefereso No. 3 ha incentivado la delincuencia, pues bajo el pretexto de que llega gente de fuera a visitar a la población penitenciara se han registrado robos en la población, y muestra de ello es el que sufrió precisamente a la escuela hace menos de un año.
“Cuando llegó el Cefereso hubo un brote de cólera y, en efecto, la deserción escolar se debe en parte al temor de algunos padres de que llegue gente ajena al pueblo y dañe a sus hijos, a lo solitario del pueblo y, en especial, al silencio en que nos mantiene el penal, pues no tenemos forma de comunicarnos con el exterior ni en un caso de emergencia, de alguna manera, también somos presos porque estamos aislados e incomunicados”, manifiesta.
En Mengolí de Morelos hoy en día y, según datos del INEGI, existen solamente 43 casas habitación, que hospedan a 253 habitantes; una pequeña iglesia donde veneran a San Antonio de Padua, único motivo por el que se llegan a congregar cada año hasta unas 800 personas para celebrarlo; 12 topiles para resguardar el orden; el recorrido diario de una patrulla de la Policía Federal que solo llega a la iglesia; un Jardín de Niños con 16 alumnos; una Telesecundaria con 20 y un silencio profundo, quizá igual que el que se ordena al interior de la cárcel federal.
Un solitario y silencioso camino de 7 kilómetros. La gente tiene miedo. FOTO: Emilio Morales




