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Enfrenta Kast la primera gran fractura del oficialismo chileno

José Antonio Kast, presidente de Chile, en un retrato que ilustra la primera gran fractura que enfrenta el oficialismo chileno.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Santiago. El fracaso de una acusación constitucional impulsada por la ultraderecha chilena, a la cual negaron su respaldo parlamentarios conservadores “moderados”, para inhabilitar políticamente a un ex ministro izquierdista, derivó en resquebrajar al oficialismo, forzando al presidente José Antonio Kast a intervenir para apaciguar los ánimos.

Sobre la bravata de recriminaciones en que terminó aquello, el gobernante expresó: “hago un llamado a poner el foco en las urgencias que tenemos, que principalmente son temas de seguridad y empleo”.

Agregó que “es legítimo el debate político dentro de los partidos que colaboran con el gobierno, siempre en el marco del respeto, de mirar el bienestar, el futuro y considerando que en los próximos dos años no tenemos actos electorales, no podemos dejar pasar esta oportunidad”.

Tanto fue el revuelo, que Kast convocó a los líderes oficialistas para reclamarles consistencia y “consolidar la confianza”.

La “guerra civil” –como ha sido llamada– en el conservadurismo, revivió frases del tipo: “derechita cobarde”, pronunciada por diputados fanáticos de Kast para aludir despectivamente a dirigentes no radicales, algunos de los cuales ocupan puestos de la mayor responsabilidad en el equipo del mandatario, como los ministros del Interior y de la Presidencia, Claudio Alvarado y José García Ruminot, respectivamente, convertidos en los principales colaboradores del mandatario.

Lo de “derechita cobarde” proviene de España, cuando Vox se burlaba así del Partido Popular (PP), ahora asociados en los gobiernos de varias autonomías.

En Chile fue plagiado por el Partido Republicano –fundado por Kast y donde militan sus incondicionales– para denostar a la derecha clásica, los partidos Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional, de los ministros Alvarado y García, por dialogar y pactar con la centroizquierda.

“No estamos en presencia de una coalición política, sino de una unidad de propósito de gobierno”, resumió un analista.

“Lo que vemos es la distancia que existe entre una alianza electoral que fue exitosa y una coalición de gobierno efectiva; técnicamente hoy no tenemos una coalición de gobierno”, opinó el politólogo Marco Moreno.

La historiadora Lucía Santa Cruz, reconocida conservadora, indicó que las descalificaciones antagonizan a una derecha sin la cual Kast no habría ganado, ni tampoco podría gobernar.

“Se requiere mucha valentía para ir contra la corriente, luchar contra la radicalización de las posturas y probablemente disminuir sus ventajas electorales, y todo con el objetivo de ser consecuentes y coherentes con un principio fundamental de la democracia, el cual es distinguir entre un adversario político con quien se conversa y un enemigo al que es preciso destruir” electoralmente, escribió la académica.

Se trata, añadió, de “desafiar la idea de que la radicalidad es la valentía y la moderación una suerte de debilidad moral”.

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