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Marmolero: un oficio vivo a través de las generaciones en Oaxaca

Estatua de mármol en panteón
Foto(s): Cortesía
Luis Ángel Márquez

Citlalli López Velázquez 

 

A lo largo de cien años, desde su taller, las manos de la familia González han escrito sobre lápidas mármol el último adiós a cientos de personas fallecidas en Oaxaca víctimas de enfermedades, muerte natural, sismos o hechos violentos.

Adolfo González Luis, tercera generación de marmoleros, relata que el oficio llegó a Oaxaca de Juárez a través de una persona de origen español.

Él fue que enseñó a Francisco González Rubiera, quien a su vez instruyó a sus hijos Gerardo y Efrén, así como a sus nietos, Adolfo entre ellos.

En aquellos años, 1939, eran tres los talleres existentes, dos de los González y uno de los Peña que también fueron semillero para la creación de decenas de talleres en municipios conurbados a la capital.

El ubicado sobre la calzada de El Panteón, está envuelto por la bruma que genera el polvo del mármol al ser trabajada.

A golpe de martillo y cincel se forja el oficio, con taladros y brocas se va delineando.

Unos tallan, otros marcan letras, unos más vacían yeso sobre moldes de angelitos, vírgenes o santos que estando en el panteón, se vuelven los vigías y guardianes de los sepulcros.

Trazos finos van dando forma a los epitafios; aquellos que hablan del cariño de sus familias.

Así lo han hecho por varias décadas, aunque, paradójicamente con la pandemia en menor cantidad.

Adolfo explica que esto se debe a distintos factores, por un lado, que los fallecimientos al ser inesperados no daban tiempo a las familias para comprar un sepulcro, por otro lado, los procesos burocráticos y también las recomendaciones que en su momento se hicieron para cremar los cuerpos y no enterrarlos.

El trabajo ha bajado -señala- sin embargo sigue siendo lo suficientemente noble para seguir generando el sustento de cada uno de los trabajadores y sus familias.

La marmolería es un oficio en donde se corta, perfora, rebaja, modela, pule, abrillanta la piedra que se utiliza en algunos casos para tableros de cocina, revestimientos aplacados, pavimentos, sanitarios, anaqueles, escalones, columnas y lápidas.

El trabajo es igual de valioso que muchos otros y para realizarlo se requiere de mucha fuerza y precisión.

A partir de este trabajo, Ricardo, quien colabora en el lugar se volvió artista plástico y ha realizado bellas esculturas.

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