Son mamás que entregan su vida por los oaxaaqueños a costa de su propia vida.
Para Cinthia L. U. es un gran orgullo el ser parte de la Secretaría de Seguridad Pública de Oaxaca (SSPO), porque le gusta su trabajo y lo desempeña con disciplina, valentía y entrega.
Con dos hijos, una adolescente de 14 y un niño de 10 años de edad, a los que les ha enseñado los valores que ella como policía, está consciente que serán útiles a la sociedad.
Indicó que el combinar dichas actividades, no ha sido difícil para ella, “cuando los dejas en casa, realmente te despides de ellos, porque al estar aquí en la corporación, no sabemos si vamos a regresar”.
Con 11 años en la corporación, se ha enfrentado en diferentes ocasiones a situaciones difíciles, ya que los delincuentes van con la firme idea de matar o morir, cuando ella tiene prácticamente que cuidar la integridad de ellos, dejando a un lado su seguridad.
Y es que cada día son más peligrosas las bandas delictivas en contra de los elementos de seguridad pública, “los delincuentes ya no se fijan si eres hombre o mujer. Es tu vida o la de ellos”.
Cuando se encuentra en una situación difícil, en lo primero que piensa es en su familia, “me llega el temor de que ya no volveré a ver a mis hijos, por eso, me pongo alerta para que llegue a contar lo que me sucedió como una experiencia”.
Difícil ver vaer a compañero
El ver caer en acción a un compañero para ella es algo increíble, “es algo que no puedes creer al final de cuentas, el verlo caer y decir que a él le tocó y no a ti, como fue lo que me sucedió en la comunidad de San Juan Cotzocón, del distrito Mixe”.
Ahí, en un enfrentamiento, un policía perdió la vida.
No es fácil dejar a los hijos
María del Carmen R. S., con tres años en la dependencia y con una niña de tres meses, “es difícil ser mamá y dejar a mi pequeña, pero esta profesión me gustó y tengo que acoplarme”.
“El riesgo que tenemos cada uno de los que formamos parte de esta corporación es caer abatidos por las balas de la delincuencia, pero no tenemos otra opción y cuando estamos sabemos que estamos propensos más que nada a que un día podremos salir de casa y ya no regresar”, mencionó.
El día que puede estar con su niña trata de disfrutarlo con toda intensidad, ya que el mismo se le va muy rápido, al igual que a otras madres de familia.
Para ella el ver el rostro de su hija, la motiva para ser mejor cada día, por la que lucha, se sacrifica y hacer el esfuerzo de cargar equipo de más de 20 kilos de equipo en la espalda, caminar distancias grandes, “porque ella es el motor, por lo que quiero salir adelante”.
“Antes que ser madre, hija, hermanas, tías, somos policías y nos debemos a la sociedad, por eso, sacrificamos esos días importantes para todos como son cumpleaños, 10 de mayo, con la madre, 30 de abril son los hijos, 24 y 31 de diciembre, entre otros, porque estamos comprometidas con la sociedad” concluyó.
El mejor regalo de Dios
Coincidieron que el ser madre es el regalo más grande y precioso que les ha dado Dios.
Ambas inician sus actividades desde temprano, por lo que, se despiden de sus hijos, llegan al cuartel ubicado en Santa María Coyotepec, se uniforman y salen a realizar su trabajo lo mejor que pueden, para lo cual ponen en práctica los conocimientos adquiridos.
Al llegar a la corporación y formar parte de las partidas que son distribuidas en diferentes poblaciones de la entidad, para ellas fue algo doloroso, al tenerse que separar de sus familias, ya que se iban por espacio de uno o más meses y regresar solamente para verlos unos días, y de nueva cuenta retornar, a un trabajo en el que están más tiempo que en su propio hogar.
Por lo que, al volver se encuentran en poblaciones en las que les niegan los alimentos y la venta de productos para alimentarse, ya que existen pueblos donde no los quieren, por lo cual, tienen que adaptarse con lo que pueden comer.
Para los elementos policiacos, cada una de las ocho regiones del estado, son peligrosas, complicadas y difíciles, donde ellos se tienen que cuidar de lo que hacen para no sufrir alguna agresión.
Al terminar la jornada regresan al cuartel, dan gracias a Dios por haber concluido su trabajo con vida y regresan a sus hogares, aunque también llevan presente que en cualquier momento pueden no regresar.
Solicitaron a la ciudadanía que comprendan su trabajo y sobre todo, que ellas son personas con sentimientos, necesidades, y que realizan una labor honesta y en favor de la sociedad.
