Los actos de vandalismo dañan el patrimonio cultural y atentan contra la identidad y legado de la comunidad tehuana provocando pérdidas que difícilmente tendrán una reparación.
En los últimos años el incremento de vandalismo contra monumentos históricos o espacios recreativos ha causado daños a la sociedad pues no se conoce una ley que sancione a quien cometa o atente contra dichos sitios.
En la calle Guerreo, entre los barrios de San Jerónimo y San Jacinto, los vecinos se han quejado de una serie actos vandálicos al caer la noche.
Mario Gallegos afirma que hace falta seguridad en la zona, principalmente durante las noches por lo concurrido de la zona, ya que muy cerca hay algunos antros y bares donde algunas personas llegan a consumir bebidas embriagantes.
Expresa el quejoso que, ante la falta de vigilancia constante, los amantes de lo ajeno hacen de la suyas desmantelando y pintarrajeando poco a poco las fachadas de las viviendas.
Dijo que entre las atrocidades se pueden observar a simple vista casas pintarrajeadas con el nombre una banda delictiva, incluso hasta nomenclaturas de calles robadas.
Semanas atrás, vecinos de Laborio denunciaron la destrucción de parte de una estructura del paso peatonal, construido encima de lo que fue las antiguas vías de ferrocarril que inauguró Porfirio Díaz.
Fue desprendido de su base el letrero de identificación de las zonas que comprende el corredor peatonal. En un recorrido realizado, se constató de los múltiples daños ante la ausencia de personal de seguridad pública. La presencia de grafitis, destrozo de jardineras y herrería son comunes.
En el primer cuadro de la ciudad no hay espacio que se escape a las pintas de personas non gratas para delimitar su territorio, muchas de ellas están sobre sitios históricos.
