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Albañilería: de último recurso a elección de vida en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Trabajar bajo el cobijo del sol, cargar cientos de kilogramos por día, recibir miradas despectivas o vivir con la etiqueta que un albañil es sinónimo de borracho, son algunos de los inconvenientes con lo que algunos albañiles viven; sin embargo, tienen salarios superiores a los de un profesionista o cualquier otro oficio.


En la familia de don Félix Jiménez, la albañilería es un modo de vida que se arraigó desde hace cuatro generaciones, aún por encima de quienes han estudiado una profesión como licenciatura en Derecho.


El salario diario de más de 300 pesos motiva a Pascasio, Jacinto, Miguel Ángel, Félix y Julián, a tolerar casi cualquier tipo de circunstancias, pues consideran que este oficio les ofrece mejores oportunidades para vivir, en comparación con otras profesiones.


De ayudante a contratista




Desde los 18 años, don Félix comenzó su relación con el cemento y las varillas. FOTO: Javier Jarquín

Son miles de horas las que don Félix Jiménez Martínez ha pasado bajo las inclemencias del tiempo. Posiblemente, toneladas ha cargado sobre sus hombros; miles de metros cuadrados los que ha construido en el transcurso de 35 años de trabajo, más de la mitad de su vida.


Sus manos se bañan con el cemento, su ropa y calzado se tiñen por el concreto, mientras coloca ladrillo tras ladrillo al ritmo de una alegre canción de cumbia que suena desde un diminuto aparato de sonido que cuelga de una varilla.


Es casi medio día, han pasado casi cuatro horas de la jornada laboral bajo el febril sol que avisa con premura la culminación del invierno. Sobre el andamio de madera, el hombre se sostiene para continuar lo que será la pared de un apartamento.


Una camisa de algodón de manga larga, un sombrero y zapatos con casquillo es el atuendo de cada día para pasar sus 10 horas de trabajo a la intemperie, hasta que la construcción les permita tener un techo.


Mientras alza la barda, el hombre hace una pausa para platicar sus satisfacciones gracias a este oficio. Al paso de más de tres décadas de trabajo, don Félix logró ascender hasta el puesto de lo que en el gremio se llama contratista, aunque no cuente con alguna carrera profesional afín, como ingeniería civil o arquitectura.


Niveles en la albañilería:


Ayudante o aprendiz


Media cuchara


Maestro albañil


Maestro de obra


Contratista



 


En esta labor, como en casi cualquier otra, son tus habilidades las que te hacen escalar en puestos, pero sin que eso signifique dejar la cuchara de lado, como lo es en su caso.


“Me habría gustado mucho que un hijo mío fuera arquitecto de profesión; sólo me ayuda porque es parte del oficio familiar”, refiere el albañil, quien agrega orgulloso que no necesita de planos precisos para hacer una buena construcción, aunque también es capaz de leerlos.


Albañiles por decisión


La hora del receso llega; es sólo una hora de la que disponen durante su jornada laboral para descansar, escapar un momento del sol; si las condiciones se los permiten, de comer algo, de cerrar los ojos, de despejar la mente; momento en el que nunca falta el refresco rico en azúcar.


Julián Manuel es pasante de Derecho, pero asegura que prefirió finalmente dedicarse a lo que casi toda la familia se ha dedicado.




Satisfacción, al final del camino. FOTO: Javier Jarquín

Es así como apunta que la albañilería se ha convertido en un modo de vida que se elige y ya no por obligación.


El hombre apunta que las nuevas generaciones de albañiles procuran dejar atrás aquella imagen del albañil amante del alcohol al terminar cada jornada laboral, o al llegar la “raya” .


“En nuestros tiempos, el albañil ya no es el analfabeta al que no le quedó de otra que dedicarse a esto; el que chifla y dice albures cada vez que pasa una mujer; ya no es un oficio denigrante, es una profesión que se aprende en el transcurso de la vida”, sostiene orgulloso Julián.


Casa propias y salarios buenos


En comparación con muchos profesionistas o un empleado de empresa privada que pueden aspirar a una casa de interés social por medio de un crédito para pagar entre 20 y 30 años, Miguel Ángel Ruiz, de 28 años de edad, ya cuenta con una casa propia hecha por sus propias manos.


Cuántos hay en México:


2 millones 419 mil personas se dedicaron a este oficio en 2013



 


El joven, con 12 años en el oficio, ya es maestro albañil. No se arrepiente de haber abandonado sus estudios por un empleo que comenzó de forma temporal.


“El sol, cargar pesado, el olor del cuerpo y algunas molestias en la garganta por el polvo, es lo que padecemos; pero creo que están peor en otros trabajos, en los que se pasan 12 horas o más con un salario que no alcanza para nada”, expresa el maestro.


Miguel refiere que a la semana gana dos mil pesos, cuando menos. Pero puede ganar hasta 350 pesos por día. Además de contar con un día de descanso. Su salario diario lo coloca por encima de una secretaría auxiliar o trabajador social, quienes de acuerdo con la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, gana más del triple que un recamarero en hoteles, moteles y otros establecimientos de hospedaje, quienes su salario establecido en 2016 era de 92.32 pesos por día.


Una vida bajo el sol




Don Pascacio se cubre como puede del sol intenso. Es lo más pesado. FOTO: Javier Jarquín

Don Pascasio, de 47 años de edad, se siente cansado de trabajar bajo las inclemencias del tiempo, de cargar cientos de bultos de cemento y arena, pero la satisfacción de contar con un patrimonio propio, le hacen olvidar estas circunstancias.


Hace varios años estuvo en los campos de Sinaloa cortando tomate; el ritmo de vida y la paga insuficiente lo hicieron regresar a su tierra oaxaqueña, en donde la albañilería le brindó la posibilidad de construir una casa y de relajar las finanzas en su hogar.


Como en la familia de don Félix, el señor Pascacio le enseñó este oficio a su hijo Jacinto. Desde hace varios años, ambos trabajan juntos. Por su parte, Jacinto de 27 años, al igual que Miguel, no se arrepiente de no haber cursado el bachillerato, pues considera que tiene un buen trabajo.


Estos hombres, de piel morena por el sol, trabajan también por hacer de este oficio una profesión de la que sólo los valientes son capaces de cursar.

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