La presencia de la gran figura femenina de Melissa - mujer que con un gran esfuerzo ha enterrado su físico masculino- se ha convertido en algo normal en los juzgados civiles y penales; en medio de una serie de miradas de rechazo, ella camina con entereza, pues cuenta con un título profesional que la convierte en la primera abogada transgénero reconocida legalmente.
A diferencia de varias de sus amigas y amigos pertenecientes a agrupaciones lésbico gay y de la diversidad sexual, Melissa Mijangos Boijseauneau decidió romper los paradigmas profesionales y no limitar su destino laboral a los oficios comunes para el resto de las personas transgéneros o transexuales.
Melissa siempre sintió estar atrapada en un cuerpo ajeno y desde la infancia deseó ser mujer; cursó sus estudios profesionales en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) como Arturo, eso implicó vestir siempre como hombre.
Cejas depiladas y un estilo de hablar y actuar más femenino fueron avanzando en descubierto en el transcurso de su paso por la universidad, ello trajo de la mano la discriminación, burlas y humillaciones de compañeros y empleados de la máxima casa de estudios de Oaxaca.
Hoy, a casi 11 años de haber culminado sus estudios en Derecho, Melissa se siente orgullosa por no haber abandonado su carrera y logrado titularse, primero como varón y, este 2016, obtener por segunda ocasión su título y cédula profesional, pero ahora como mujer; la primear profesionista transgénero en Oaxaca que obtiene reconocimiento legal.
Ahora, Melissa ejerce con libertad su profesión desde los juzgados civiles y penales de Oaxaca; rinde talleres de sensibilización hacia la comunidad de la diversidad sexual y se presenta ante autoridades estatales de los diferentes ámbitos con la certeza que un documento respalda su identidad.
“Tenemos la capacidad de desempeñarnos en cualquier función como cualquier otra personas”, recalcó la abogada, quien en un inicio intentó estudiar diseño de modas en Guadalajara y que ahora desea realizar una maestría fuera de la entidad.
Prisionera 25 años
Mientras que todos le llamaban por su nombre, Arturo, ella sólo quería ser Melissa. Desde la adolescencia la mujer que supera hoy los 30 años de edad deseó con ansias algún día salir del cuerpo en que vivía, pues no se consideraba hombre, confiesa mientras acaricia su larga cabellera lacia, la que a veces es rizada o más corta.
Ella se mira en el reflejo de un cristal; sus ojos coquetos delatan que lo que ve en el cristal la encanta; así, con la habilidad de arreglarse mientras conversa, Melissa recuerda que desde niña supo que nació en un cuerpo equivocado.
Algo dentro de mi me decía que nací en un cuerpo equivocado; no me siento a gusto, me repetía
detalla la mujer, la primera en Oaxaca en haber cambiado su nombre y para lo cual tuvo que acudir a la ciudad de México.
Melissa luce como una mujer e incluso dice que ha experimentado lo que sienten las mujeres con sus cambios de humor; el motivo son las hormonas que toma para mantener la apariencia que le ha costado varios años.
La ciudadanía en general piensa que nos ponemos bubis, la cara, que te haces ciertas cosas para llamar la atención, cuando en realidad solo nos estamos acoplando al cuerpo en el que no nacimos; eso es muy difícil
Arturo murió una vez que egresó de la universidad, estaba cerca de cumplir los 25 años. Desde entonces, con más decisión que dinero, nació Melissa.
En contraste con otros casos en los que la familia se convierte en el primer obstáculo para salir del “closet”, ella tuvo la fortuna de contar con el apoyo familiar y de la mano comenzar el proceso de transformación.
La difícil transformación
“¿Qué soy, qué eres? uno se pregunta en cuando empiezas a tomar medicinas para ser mujer, porque tu aspecto ya no parece el de hombre, pero tampoco eres mujer; esa es la parte difícil y la parte emocional más complicada, en la que debes tener ayuda profesional forzosamente”, confiesa la mujer de 1.83 metros.
En Melissa resalta la cirugía de busto; reconoce que se ha realizado varias intervenciones en el rostro y cuerpo, por lo que ya se considera anatómicamente como toda una mujer.
Bien rreglada y con implecable maquillaje, la mujer dice que ha invertido más de medio millón de pesos en su transformación.
“Recuerdo mucho algo que me dijo mi sexologo: Melissa, debes sentirte ogullosa porque vas a vivir tu vida como lo que realmente eres...y ahora me siento muy a gusto, nunca me he arrepentido de este cambio”, conversa en entrevista.
“Soy católica”
Pese a las diversas acusaciones que la iglesia católica ha emitido en contra de las personas con presencia sexual diferente a la heterosexual, la mujer transgénero no siente rencor, ni plantea cambiar su religión.
“Soy católica y me siento bien con Dios”, dice Melissa Mijangos Boijseauneau, quien al mismo tiempo refiere que la iglesia debería enfocarse a cuidar temas como la pederastia en lugar de intentar de dividir a la población o generar violencia con el tema de las familias igualitarias.
Con la certeza que por ahora casarse o formar una familia no está en sus planes, Melissa confirma que no puede haber retroceso en torno al reconocimiento social y legal de las personas de la sociedad de la diversidad sexual, y por ello se seguirá preparando para defender los derechos humanos del sector al que pertenece.
Larga lucha
1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) suprimió a la homosexualidad de su lista de trastornos mentales.
En 1974, la Asociación Psiquiátrica Americana eliminó a la homosexualidad de la lista de enfermedades de su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales
La homofobia es el término para referirse a la incomodidad, aversión e incluso odio hacia la homosexualidad y los homosexuales (especialmente del sexo masculino) aunque también incluye la lesbofobia, la bifobia y la transfobia, que se refieren al odio o aversión al lesbianismo, bisexualidad y transexualidad, respectivamente


