Don Saúl García García lleva 22 años creando y reparando productos de piel en la capital oaxaqueña. Relata que por su taller han circulado prendas de funcionarios públicos, actores y hasta de otros talleres que reparan piel en la ciudad.
“Aquí enfrente llegaban dos camionetas y guaruras. Creo que la mayoría de personas que vienen son los procuradores con sus chamarras. A ellos no les pregunto, sino a sus trabajadores”, confiesa.
El también curtidor recuerda la fecha exacta en la que empezó a dedicarse a este oficio: 20 de septiembre de 1988. Fue su tío, que vivía en la Ciudad de México, quien le enseñó a lavar y pintar las pieles, pero al ver que aprendía rápido, le permitió usar las máquinas de coser.
Tras aprender a cortar, reparar y crear productos de piel, su tío le aconsejó regresar a Oaxaca para abrir su propio negocio y le aseguró que tendría mucho trabajo porque en la ciudad no había muchos talleres de reparación.
Siempre tiene trabajo, dice
Don Saúl afirma que su tío tenía razón, pues siempre llegan trabajos desde que abrió su local, ubicado en la calle de Trujano en el Centro Histórico. Reconoce que al principio tenía pocos clientes, pero después fueron aumentando.
“Cuando encontré mi local llegaron dos o tres trabajos, pero el primer día no gané nada. Desde ahí siempre he tenido encargos, sobre todo de reparación de ropa y calzado”, recuerda.
De acuerdo con don Saúl, la única temporada baja de trabajo es durante la Semana Santa y las altas son en las fiestas decembrinas.
Comenta que enseñó a sus hermanos a trabajar la piel para que, durante las fechas en las que tengan más trabajo, ellos le ayuden para entregar a tiempo, pues afirma que nunca le ha quedado mal a algún cliente.
El más solicitado
“Yo lo conozco desde hace más de 20 años. Él siempre me hace distintos trabajos. Hace un tiempo me tapizó una camioneta; pudo conseguir la piel que se necesitaba; tardó, pero sí la consiguió”, recuerda uno de sus clientes.
Don Saúl hace memoria que al lado de su tienda había un restaurante frecuentado por la actriz Rosa Gloria Chagoyán, quien se encontraba grabando una película en la ciudad.
“Cada vez que venía me traía sus shorts, chamarras, sus botas para que se las arreglara; era mi clienta frecuente”, reconoce el trabajador.
Otro cliente que acude de manera regular con don Saúl, es el piloto oaxaqueño de la Carrera Panamericana, Emilio Velázquez Rivera, quien le lleva sus uniformes para que se los arregle.
“Sus uniformes los manda a pedir a Estados Unidos y cuando se los pone le quedan grandes y ya me los trae para que yo se los arregle; aunque es complicado con los pantalones, porque son de cuero muy duro”, confiesa.
También relata que ha confeccionado “el traje del vaquero”, una indumentaria exclusiva para una danza que se lleva a cabo en San Miguel Aloápam.
“Cada año nombran a un joven que es el vaquero y me ha tocado varias veces hacer el traje conformado por un pantalón y una chamarra, también ambos de cuero”, detalla.
Sus clientes quieren aprender
El trabajador confiesa que sus clientes le han solicitado en varias ocasiones, que les enseñe a reparar y coser la piel.
“Tengo un amigo jubilado de la Comisión Federal de Electricidad que me dice ‘déjame trabajar contigo, no te cobro, pero enséñame porque siempre me ha gustado’ y me da vergüenza porque son personas de dinero y cómo voy a pedirle que vengan”, relata.
Agrega que sí han ido sus clientes a trabajar con él, a quienes enseña cómo curtir la piel y a planchar; “me dicen: ‘no me vayas a poner a trapear y barrer eh, yo quiero aprender a hacer lo que tú haces’”, comenta entre risas.
Pieles y trabajos poco comunes
Piel de tigrillo, cocodrilo y culebras son algunas que han llegado al taller de don Saúl, la cual procura cortar frente al cliente para evitar problemas de que se haya quedado con el resto.
Don Saúl detalla que la piel más fácil para curtir y trabajar es la de culebra; “sólo se pega para hacer un cinturón y se cose a mano”, mientras que la de cocodrilo es más gruesa; por ello, “hay que mandar a rebajarla, pues no le entra la aguja tan fácilmente”.
El trabajador agradece a tu tío haberle enseñado este oficio, además de alojarlo en su casa, pues gracias a él consiguió ahorrar, hacerse de clientes, tener un patrimonio y a ser el más solicitado de la ciudad.
