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La magia del Mictlán

Foto(s): Cortesía
Redacción

SAN PABLO VILLA DE MITLA, Oaxaca.- El misticismo envuelve el ambiente en este lugar; andar sus calles y escuchar sus historias obligan a cerrar los ojos e imaginar cómo cruzan las almas el río de la iglesia para ingresar al lugar del descanso eterno.


Aquí, el cuidado de los perros se da por obligación moral y no por condición de ley, pues serán los guías que acompañarán a quien en su momento deje este mundo, y se piensa que aquel que recibe con indiferencia la visita de los que ya partieron, perderá su alma y cuando muera, sentirá la tristeza que provocó a quienes no hallaron una ofrenda.


El símbolo de amor a los que se fueron


El culto a la muerte es el más importante para Mitla; encontrarse de nueva cuenta con la familia amada que ya murió, es un acto que implica mucho respeto.


La línea que existe entre la vida y la muerte parece cerrarse cuando se observa a la gente de este lugar recordar sus vivencias y preparar con pasión la recepción a sus difuntos.


“Hay una emoción grande porque tendremos la presencia de nuestros familiares siquiera por un momento en la casa y con el altar les damos la bienvenida”, platica Gilberto Hernández Quero, reconocido cronista y promotor de la cultura mitleca.


Gil, como lo conocen en su pueblo, afirma que son estas fechas las más importantes para la comunidad, lo que se refleja en la cantidad de gente que se moviliza para realizar sus compras en la Plaza de Muertos; pero además, con el regreso de sus inmigrantes.


En Mitla, desde que se edifica la casa, se construye también el altar de adobe o ladrillo o se coloca al interior de la pieza principal sobre una mesa. En él no solo se encuentran las imágenes que adoran los devotos del catolicismo, ahí permanecerá todo el tiempo la imagen de los que ya murieron.


Una historia ancestral de veneración


Desde tiempos ancestrales, la reverencia por los muertos se conmemora de manera especial, debido a que en este lugar, cuenta la historia, se enterraron los grandes señores de linaje zapoteco.


“Desde siempre estas fechas son para nosotros de mucha importancia; desde los primeros días de octubre comienza el movimiento, cuando llegan los tejedores de palma de Miahuatlán a ofrecer un responso en atención de sus muertos porque saben que aquí reposan sus almas; esa gente es la que nos vende los petates y utensilios que serán para nuestros difuntos”, dijo Hernández Quero.


La ofrenda y la invitación


En cada hogar, a partir del 31 de octubre, habrá un altar lleno de flores y alumbrado por veladoras; ese día, los menores de edad fallecidos o angelitos hallarán desde comida en pequeños trastes, hasta juguetes, convivirán con los suyos y disfrutarán lo que en vida les gustaba.


Poco antes de las 12:00 horas del 1 de noviembre, el representante de la familia y algunos de sus integrantes, acudirán al panteón donde colocarán un cigarro encendido en cada tumba de sus fallecidos.


“Traemos el mensaje de la familia para que nos acompañen a la casa, seguimos esa costumbre que ustedes nos enseñaron y que vamos a enseñarles a nuestros hijos”, es la invitación que en zapoteco hacen a las almas, con las que al doblar las campanas de la iglesia y la quema de cohetes, saldrán en punto del mediodía hacia cada uno de sus hogares; en sus manos, el representante llevará un sahumerio de copal.


La llegada es emotiva, en casa espera el resto de la familia; la idea de saber a su gente de nueva cuenta entre ellos, sacude sus corazones.


“Alistamos el altar con fruta, flores, comida y bebida que gustaba a nuestra gente; se colocan petates en un extremo y bancos en el otro; ahí se sentarán las mujeres y los hombres fallecidos, como en una fiesta, cada grupo por separado y en esos espacios nadie más puede sentarse; a lo largo del día llega la gente a dejar ofrendas y a celebrar la visita”, puntualiza Gilberto.


Cuenta la gente de esta población, que los muertos mandan señales cuando se voltea un pan o se cae algún producto del altar.


La importancia de que durante 24 horas exista la convivencia con los seres amados que ya partieron, es para lo mitlecos una experiencia espiritual que reúne a la familia y que se ha convertido en un importante atractivo turístico, que en los últimos dos años ha incrementado considerablemente.

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