El ajetreo es intenso mientras el sol se refleja en la tranquilidad de las aguas, que sin superar los 30 centímetros de profundidad se asemeja a un pequeño lago; lo que llama la atención es que no se encuentra en la Costa o en el Istmo, se ubica en la avenida Juárez Maza, a un costado del Mercado de Abasto de la ciudad de Oaxaca.
Ana observa cómo los agitados transeúntes buscan un lugar seco para poder cruzar o para subir a un camión del transporte público; la mayoría lo logra, no sin antes mojarse los zapatos.
Ana vende frutas a un costado de la avenida Juárez Maza; “ya tiene dos días que no ha llovido y el nivel del agua no baja”, afirma mientras no deja de limpiar una manzana; “con este gran charco, lo que menos quiere la gente es comprar”.
Por su parte, un comerciante ambulante, quien en un pequeño local sobre la banqueta ofrece joyería de fantasía, no quiere opinar; “todos los días vienen reporteros, toman fotos, graban, entrevistan, pero mira, todo sigue igual, nada ha cambiado”.
Los camiones avanzan lento sobre el asfalto, con el agua que cubre casi la mitad de las llantas; algunos tienen que pararse hasta la mitad de la avenida Periférico para que los pasajeros puedan abordar y bajar.
Esta zona de la capital se convierte en un punto de salida para las colonias de la ciudad de Oaxaca de Juárez, además de la zona conurbada, por lo que la afluencia de vehículos y de personas es especialmente alta.
Ante el abandono evidente de las autoridades, sobre todo en la renovación del drenaje y en el recubrimiento del asfalto, los más afectados son los transeúntes y los comerciantes, quienes se han cansado de alzar la voz, aunque nadie los escucha.
Trabajando y comiendo, entre aguas negras
Teodora es una comerciante que desde hace 20 años vende maíz en el Mercado de Abasto, en el que según sus propias palabras le “deja para medio comer”, aunque sea laborando entre charcos de agua.
“En la época de lluvias nos va muy mal porque nos cae mucha agua; necesitamos que compongan el drenaje, porque cuando llueve las aguas negras se salen y huele muy feo, lo que aleja a los clientes”, afirma Teodora.
Las enfermedades abundan en la zona de granos del mercado; incluso Teodora padece continuamente de enfermedades estomacales, pero el puesto es la única fuente de sustento que tiene y no lo puede desatender.
“Yo vendo aquí todos los días desde hace 20 años; en los últimos meses la venta ha bajado mucho, nunca habíamos vendido tan poco como ahora. Hace 20 años vendíamos cinco bultos por día, ahora apenas si llegamos a uno”.
Lodo, cosa de todos los días
“Va el golpe”, “lleve las antenas para 15 canales digitales”, “pásele, qué va a llevar”, son los sonidos del Mercado de Abasto, en la zona de frutas y verduras; murmullo que crece con las pisadas que chocan contra el agua para finalizar en el asfalto o lo que queda de él.
La multitud avanza sin cesar; “no podemos acostumbrarnos a trabajar así”, dice una comerciante mientras con escoba y cubeta en mano limpia el área en donde colocará su puesto.
A un costado de la zona de frutas y verduras se encuentra la rampa de basura del Mercado de Abasto, que consiste en un espacio reservado para depositar los desechos; en este lugar, con las frecuentes lluvias, el olor que expide es desagradable e intenso.
Además, el escurrimiento de líquidos del montículo de basura alcanza los puestos más cercanos, lo que provoca que los clientes se alejen.
“A nosotros la rampa nos afecta aunque no llueva, sobre todo con los bloqueos del basurero, pues la basura se acumula rápidamente sin que nadie haga nada por transportarla a otra parte”, señala uno de los comerciantes afectados.
Un suplicio para salir
La avenida Juárez Maza no es la única vía afectada por las lluvias en el Mercado de Abasto; en la parte trasera, las calles que llevan a la avenida Riberas del Río Atoyac, la calle Ilhuicamina y Cosijopí son prácticamente intransitables, debido a la cantidad de baches que tienen.
“Aquí llegan camiones grandes para dejar las frutas, lo que provoca que con el ablandamiento de la tierra se generen estos charcos, mismos que a nosotros nos complica el paso”, afirma el conductor de una urvan.
Sin importar el agua, las inundaciones o el olor del drenaje, las actividades en el Mercado de Abasto no se detienen; los comerciantes limpian y venden, mientras los clientes, fieles, soportan las duras condiciones de un mercado que, año con año, muestra sus problemas, con abandono gubernamental y sin solución a la vista.
