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Ira indígena, causa de la conspiración; Oaxaca en la Independencia

Foto(s): Cortesía
Redacción

Con frecuencia, los grandes acontecimientos, especialmente las revoluciones de los pueblos, se preparan con mucho tiempo de anticipación. En el siglo 19, la nación mexicana debía emanciparse del señorío español y el siglo que le antecedía, el 18, preparaba el gran acontecimiento.


Oaxaca, señalan autores como José Antonio Gay, no sería la excepción, y luego del sometimiento que por convencimiento tuvo a la dominación extranjera, se preparaba sin saberlo para la rebelión de 1810, la Guerra de Independencia.


Se gesta la Guerra de Independencia


En la recopilación denominada Historia de Oaxaca, José Antonio Gay refiere algunas de las causas preparatorias que se suscitaron en el estado previo al periodo de 11 años que duró esa cruzada.


Las diferencias entre obispos y dominicos, a quienes el pueblo respetaba y veneraba desde la Conquista, el debilitamiento del poder de la Iglesia, la dominación extranjera a través de la religión; la lucha por el poder entre el Clero que provocó las primeras sustituciones -la de los frailes-, misma que coincidió con la creación de numerosos grupos militares, como si se presintiera la necesidad de la fuerza bruta para sostener un trono privado del apoyo moral religioso.


La expulsión de los Jesuitas ordenada por Carlos III y la advertencia de ejecución militar a la población, si se atreviera a cruzar palabra con los religiosos, fue el detonante para que el pueblo comenzara a observar que sus conquistadores no eran perfectos y que los reyes no siempre eran justos.


En esa advertencia, el rey hizo ver a los pobladores de la Nueva España, que como sus súbditos nacieron para obedecer y callar, y no para discurrir y opinar en los graves asuntos del gobierno.


“Con la expulsión de los jesuitas, Carlos III había descargado un terrible golpe, no tanto contra la inofensiva orden que perseguía, sino contra su misma autoridad, basada en México sobre el inamovible hasta entonces y solidísimo fundamento de la religión”, señala el documento de José Antonio Gay.


La ambición por el poder


Otro motivo de disgusto para el pueblo, surgió también por el año de 1777, a causa de la avaricia de los alcaldes mayores, quienes además del monopolio que ejercían del comercio, acaparaban los destinos públicos.


“Los europeos peninsulares, por el solo hecho de serlo, se juzgaban aptos para los más importantes puestos del Estado, que ocupaban en Oaxaca con perfecta plenitud; destinos que recaían en personas inhumanas, altivas, crueles y sedientas de riqueza, que con inauditas extorsiones arrancaban sus reales a los indios”, explica el autor.


De ahí vinieron las exacciones o pago de impuestos que exigía España -por ahí de 1790 al 99-  para cubrir gastos de la guerra que enfrentaba contra Inglaterra y Francia, que pesaban más entre la clase más pobre.


Las pestes, los terremotos y otras calamidades como heladas e intensos calores de la época sumieron a México y en especial a Oaxaca, en una grave situación económica entre los últimos años del siglo 18 y el principio del 19; la debacle de España contaminó a sus colonias más lejanas y empobreciendo a sus pueblos, la principal riqueza de Oaxaca -el comercio de la grana- quedó paralizada; el disgusto general era profundo.


Herida profunda en los indígenas


Los primeros diez años del siglo 19 no registraban más acontecimientos notables, según el recopilador de “La Historia de Oaxaca”; sin embargo, las autoridades políticas y eclesiásticas pasarían pronto por una dura prueba; las agitaciones iban preparando al interior de la nación, acontecimientos de grave trascendencia.


Ofensas, sometimiento, abusos, explotación y pobreza, fueron las causas que desde un siglo antes abrieron una herida profunda entre la comunidad indígena del país. La conspiración se realizaba en secreto; el levantamiento armado y el rechazo a los dominadores se preparaba.


Los principales conjurados serían: Ignacio José de Allende y Unzaga, los hermanos Ignacio y Juan Aldama, José Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro y el cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo y Costilla.


El 15 de septiembre de 1810, el pueblo se levantaría en armas en busca de su libertad y en ese capítulo de la historia, Oaxaca sería referencia importante.

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