Pasar al contenido principal

Caos en fiesta democrática: desinformación con el número de boletas en casillas especiales de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Eran las seis de la mañana y miles de ciudadanos ya esperaban tener en sus manos las boletas electorales y poder sufragar.


Mujeres y hombres con responsabilidad cívica salieron de sus hogares desde temprana hora, invitaron a sus vecinos a caminar también y apostar por un cambio.


El que las casillas se abrieran a las siete de la mañana, como estaba planeado, fue mera utopía.


El retraso y el mal trato de los funcionarios de casilla, durante los primeros rayos del sol, definieron el rumbo de la jornada electoral.


Aunque millones de oaxaqueños salieron triunfantes -y apurados- de las urnas; y las selfies con el dedo pulgar marcado no esperaron en redes sociales, la masa ansiaba algo más, manifestar su hartazgo.
 


Papeletas no alcanzan


La prepotencia, la impuntualidad y la impotencia fueron la ruta indicada para la rebeldía.


"Ya no hay boletas", decían en las casillas especiales; "No apareces en la lista", aseveraron tajantemente en municipios conurbados de la capital.


Como podría ser una cultura en Oaxaca, los bloqueos, la toma de autobuses y las consignas de protesta se hicieron presentes.


Con razón y sin ella, los ciudadanos y los transeúntes quisieron emitir su sufragio en donde se pudiera. Y aquellos ansiosos que no alcanzaron a hacerlo, explotaron.


"Así es el fraude"; "¡Corruptos!"; "Vamos a hacer nuestra propia elección" se escuchaba por tres calzadas y cruceros de la ciudad capital.


La multitud solo pedía una cosa, votar.


En las puertas de las casillas nacían las filas interminables. Y la razón de que la ciudadanía diera el adiós al abstencionismo fue la elección presidencial.


La relevancia del acto ameritó en la afluencia del gentío, pero también el hambre de permanencia.


Las hileras aún no se extinguían y las amenazas de bombas, disparos de arma de fuego, connatos de violencia, y advertencias de robo de urnas ya llegaban a los oídos de los electores. Persistir o protegerse, fue la duda.


A las seis de la tarde, los anuncios del cierre de casillas ya estaban colocados.


"Hasta el último de la fila", fue el mandato. Y se respetó.


Las urnas fueron abiertas, y boleta por boleta fue contada. La ciudadanía votó por un cambio. Y la guerra, y los vencidos intentaron hasta con los dientes ensalzar el pasado, pero sin éxito.

Noticias ¡Cerca de ti!

Conoce los servicios publicitarios que impulsarán tu marca a otro nivel.