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Impune, coacción del voto en Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Aunque en México, y en específico en Oaxaca, ocurren consecutivamente el acarreo de votantes y entrega de despensas con el objetivo de coaccionar el voto ciudadano a lo largo del proceso electoral, este hecho es prácticamente imposible de ser sancionado por la autoridad, pues las personas que se prestan a ello carece de interés alguno en denunciar, afirma el analista electoral Miguel Aldo Cisneros.


Y es que para que ello se configure como delito, indicó el especialista, necesita demostrarse que las personas están siendo obligadas a ejercer su voto hacia algún candidato en particular, explica Lizbeth Pérez, asesora del titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade).


"En este país, acarrear tiene una connotación negativa; cuando se traslada de un lado a otro a un grupo de personas para votar, la gente piensa que es delito electoral, pero si el traslado se realiza con la aprobación y la voluntad de los ciudadanos, entonces no se configura una violación a la ley", aseveró.


Delgada línea


La funcionaria federal abundó en que tanto el acarreo como la entrega de despensas son acciones que, aunque muchas personas y medios de comunicación cataloguen con delitos o actos ilegítimos, la realidad es que no lo son.


"Si tengo una camioneta y te digo -ven, vamos a votar- y me llevó a todo el barrio, en efecto estoy acarreando pero no es un delito. Al igual, la entrega de despensas no es un delito electoral, lo sería si estas fueran del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y no de las campañas", detalla.


Sobre ello, Miguel Aldo Cisneros aclara que los ciudadanos involucrados incurren en acciones "moralmente equivocadas" que tampoco constituyen algún delito.


Las tácticas


"Aquí el sujeto es actor y víctima. En Oaxaca es una práctica muy común de todos los partidos políticos subir a las comunidades o ir a las colonias marginadas y ofrecer a los pobladores beneficios a cambio de un sufragio, estos acceden, determinan un lugar y una hora y todos se van a votar, ahí se da el acarreo. Pero ¿cómo le haces para que las personas acarreadas digan que les compraron el voto si ellas valoran el verse beneficiadas?", cuestiona.


También aduce que un determinado grupo de personas o inclusive un particular suele "convencer" a los votantes y obtener, para su beneficio, una paga a cambio de los votos asegurados para algún candidato.


"Podríamos afirmar que es un fenómeno cultural en todo el país, aquí lo que ocurre es que podemos observar sin demasiado esfuerzo, es decir, los candidatos y partidos lo hacen sin demasiada cordura". concluye.

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