El Espacio Estatal en Defensa del Maíz Nativo de Oaxaca, integrado por organizaciones civiles y sociales, así como personas, manifestó que la fiesta denominada Guelaguetza desvirtúa un concepto ancestral que representa una forma de vida de miles de comunidades indígenas habitantes de Mesoamérica.
En un posicionamiento político, afirmó que la Guelaguetza se parece a reciprocidad, pero es un intercambio entre iguales, expresa un compromiso de apoyo mutuo cuando se necesita y se expresa de múltiples maneras, así, por ejemplo, entre los zapotecos y otros pueblos, como la gozona de la milpa.
Sostuvo que como la mayoría de las comunidades están asentadas en serranías, difícilmente se puede utilizar maquinaria para sembrar las semillas y de esta manera, el trabajo se debe realizar con herramientas calificadas en la actualidad como rudimentarias, como la coa y el machete, pero son las que les han permitido sobrevivir a desde tiempo inmemorial, así, sin electricidad ni gasolina.
Expuso que ir a limpiar la milpa y arrimar la tierra, ya sea por costumbre o conscientemente, fortalece lazos de amistad entre familias, porque no es lo mismo hacer ese trabajo pagando mozos, pues aunque el resultado puede ser equivalente en kilogramos de maíz o de frijol, no se teje comunidad puesto que una persona queda subordinada a la otra.
Expresó que también se hace fiesta con Guelaguetza, pero no se trata de llegar a sentarse a comer, a bailar o a disfrutar del momento, porque compartir el festejo empieza con trabajo, llevar un guajolote, una gallina, un marrano u otro animal, para ofrecerlo a la familia que festeja, rajar la leña, hacer las tortillas, preparar los alimentos en la cocina, poner la lona para que no queme el sol o moje la lluvia.
De esta manera, subrayó que la Guelaguetza no es folklor, sino una forma de vida, no se trata de hacer un espectáculo para atraer al turismo, no se trata solo de exhibir la belleza al visitante y esconder la fealdad como si fuera basura.
Además, destacó que lo peor del caso es cuando se utiliza la costumbre de los pueblos para mostrarla a los de fuera con la finalidad de lucrar y así la Guelaguetza se pervierte, se folkloriza y gentrifica, porque quien más pague puede tener su Guelaguetza privada.
De esta manera, destacó que la Guelaguetza capitalista lesiona a las comunidades de Oaxaca, las convierte en objeto en su propia tierra, que incluso puede ser sustituible, desechable, vendible al mejor postor.
Ante ello, dijo que es hora de reivindicar y hacer Guelaguetza, volteando la mirada hacia las comunidades y poner en práctica formas antiguas y nuevas de apoyo mutuo, para que en la ciudad y en el campo se puede hacer Guelaguetza.
