En el Estadio de Miami, la historia se escribió con sudor y épica. Inglaterra, que había sufrido un arranque cuesta arriba frente a una Noruega valiente y orgullosa, encontró en Jude Bellingham al héroe que necesitaba para volver a las Semifinales de una Copa del Mundo, algo que no lograba desde Rusia 2018.
El pulso inicial
El partido comenzó con un intercambio de golpes en medio campo. Noruega, liderada por Erling Haaland y Martin Ødegaard, buscaba sorprender con transiciones rápidas. Al minuto 35, Andreas Schjelderup sacó un zurdazo con efecto que venció a Pickford y puso adelante a los vikingos. La ilusión noruega crecía, mientras Inglaterra buscaba respuestas.
El renacer inglés
La reacción llegó apenas iniciado el segundo tiempo. Al 46’, un pase magistral de Anthony Gordon dejó a Bellingham frente al arco: amague, zurdazo y empate. Inglaterra respiraba.
El duelo se volvió un ajedrez táctico, con el VAR interviniendo en momentos clave: anuló un gol de Heggem y un penal sobre Spence. El calor sofocante de Miami obligó a ambos técnicos a mover piezas, pero Inglaterra mostró más fondo físico y mental.
La prórroga decisiva
Ya en tiempo extra, al 93’, un disparo de Morgan Rogers fue rechazado por Nyland, pero Bellingham cazó el rebote y marcó su sexto gol del torneo. Con su celebración icónica, encendió la euforia inglesa. Noruega, golpeada, no pudo reaccionar.
El estadio explotó con el cántico “It’s coming home”, símbolo de un país que lleva 60 años esperando volver a levantar el trofeo.
Inglaterra y el peso de la historia
Noruega se despide con orgullo tras una participación histórica: su regreso a un Mundial después de 28 años dejó huella y esperanza para el futuro. Inglaterra, en cambio, aguarda en Atlanta al vencedor de Argentina vs. Suiza, con la ilusión intacta de romper la maldición y volver a la cima del fútbol mundial.
