Claudia Sofía Méndez Morales
Juan de Dios Peza, poeta y escritor mexicano, quien influyó en la política de nuestro país por su interés en el liberalismo, nos plasma en su poema "Reír llorando", inspirado en Garrick (actor y dramaturgo británico, considerado una de las principales figuras del teatro inglés del siglo XVIII).
El poema habla de un sujeto cuyo arte es hacer reír, quien tiene tal pesar que nada colma su tristeza. Siempre sale ante el público con una sonrisa, nadie sabe su penar.
Las expresiones faciales o corporales siempre son interpretadas por los espectadores de nuestras vidas, quienes muchas veces creen saber lo que nos sucede; en otras ocasiones, el mismo sujeto se engaña con las mascaradas que se ofrecen como ideales y circulan de manera masiva.
Algunas situaciones que rodean a los individuos en la vida adulta llegan a despertar lo ya vivido, aquello que se resolvió de manera grotesca en la infancia por no tener los recursos necesarios para tramitarlo sin penar y que por algún motivo quedó oculto a la consciencia.
Sin embargo, es el inconsciente el que se manifiesta con frecuencia en nuestro comportamiento, en las decisiones y en la capacidad de solucionar los conflictos que en la mayoría de las veces no podemos reconocer ni hacernos responsables de ellos.
La tristeza, el enojo, la envidia, la ira, la contienda, son emociones que se manifiestan en cada ser humano al igual que la alegría, el amor, la paciencia, la bondad; todos y cada uno de ellos tienen un sentido, un motivo que los ha originado, sin embargo, el ocultarlos es como la regurgitación gástrica que si no se atiende llega a provocar lesiones, algunas veces hasta sangrar y morir.
El psicoanalista, a través de la escucha profesional, no turba el decir del paciente, no lo moraliza, no lo sanciona con el deber ser, con ideas preconcebidas. Lleva al sujeto a que se escuche a sí mismo, a descubrir la forma en que construyó su vida y cómo participa en lo que le acontece.
RECUADRO
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.
(Fragmento)
