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¡El corazón de Oaxaca latió al ritmo de la Guelaguetza! Así se vivió la gran calenda

Foto(s): Cortesía
Alexandra Zolorio

Esta tarde, el Centro Histórico se transformó en un río de música, color y estruendo con la primera Calenda de las Culturas, el preludio idóneo que anuncia que la fiesta étnica más importante de América Latina ha comenzado de la mejor manera: en completa paz y con saldo blanco.

El grito de “¡Viva la Guelaguetza!” no fue una consigna, sino un estallido colectivo. Desde la Fuente de las Ocho Regiones hasta la Plaza de la Danza, miles de locales y turistas nacionales y extranjeros se agolparon en banquetas, balcones y terrazas, atrapados por el magnetismo de 25 delegaciones que, a pie y con el alma por delante, adelantaron lo que se vivirá este lunes 20 de julio en el Primer Lunes del Cerro.

 

Un crisol de hilos, pasos y pólvora

El recorrido fue un festín para los sentidos. El aire olía a pólvora de los toritos que buscaban el cielo y a mezcal compartido. Abrían paso las tradicionales marmotas y los faroles gigantes, seguidos de cerca por la comitiva que acompañaba a la Diosa Centéotl 2026, Enid Azucena Torres, quien avanzó junto con la Diosa Centéotl Migrante, Julibeth Escamilla.

Con esta celebración, la capital oaxaqueña se reafirmó como el auténtico corazón cultural del país, un territorio de diversidad infinita que ya se declara listo para la primera edición de la Guelaguetza este lunes 20 de julio y su Octava el próximo 27 de julio.

Pero los verdaderos protagonistas fueron los portadores de la tradición. Las calles vibraron con el taconeo y el porte de las Chinas Oaxaqueñas —tanto las de la delegación de Genoveva Medina como las de Casilda Flores—, cuyos canastos florales parecía que flotaban sobre la multitud.

El público quedó hipnotizado ante el vaivén de los huipiles multicolores de San Juan Bautista Tuxtepec y el vigor del trenzado de las mujeres de la Cuenca del Papaloapan. El misticismo de los imponentes penachos tricolores de la Danza de la Pluma, originaria de los Valles Centrales, contrastó de forma armoniosa con el terciopelo negro y las flores bordadas que vistieron a las mujeres del Istmo de Tehuantepec.

 

Una fiesta viva, tranquila y protegida

Para que la algrabía se viviera en un auténtico ambiente familiar y seguro, detrás de los sones y los bailes operó un silencioso pero estratégico dispositivo de protección. Un despliegue coordinado de más de mil elementos de seguridad, vialidad, protección civil y cuerpos de paramédicos y Cruz Roja acompañó el trayecto.

A través de labores de proximidad social, control de tránsito y monitoreo constante, se garantizó que la multitud disfrutara del encuentro sin incidentes mayores y en un clima de total tranquilidad. Este esquema de vigilancia preventiva se mantendrá vigente durante todas las actividades del mes para salvaguardar la integridad de quienes viven y visitan el estado.

 

Hermandad que se comparte

La calenda no solo se vio y se escuchó; también se saboreó. Fieles a la máxima del compartir —significado profundo de la Guelaguetza—, los danzantes repartieron pan, dulces tradicionales y bebidas típicas a los espectadores, rompiendo cualquier barrera entre el escenario y la calle.

El desfile fue un mosaico perfecto de los 16 pueblos originarios y el pueblo afromexicano. Pasaron, contagiando su alegría, las delegaciones de Ciudad Ixtepec, la Heroica Ciudad de Huajuapan de León, San Vicente Coatlán, San Melchor Betaza, Santiago Teotongo y Santo Domingo Chihuitán. El ritmo costeño y la resistencia histórica se hicieron notar con Collantes, Santa María Tonameca y Santiago Pinotepa Nacional, mientras que la Villa de Zaachila aportó su ancestral gallardía.

A ellos se sumaron la magia de San Pedro Amuzgos, Teotitlán de Flores Magón, la Heroica Ciudad de Ejutla de Crespo, San Juan Copala, Santo Domingo Tehuantepec y la brisa costeña de Santa María Huatulco. La fuerza serrana y mixteca se consolidó con Tamazulápam del Espíritu Santo, Santiago Juxtlahuaca y la fe de Santa Catarina Juquila, cerrando el mapa festivo con el barro negro de San Bartolo Coyotepec, la historia de San Pablo Villa de Mitla y los sones de Villa Sola de Vega.

Al caer la tarde en la Plaza de la Danza, el eco de las bandas de viento seguía resonando en las paredes de cantera verde. Oaxaca no solo inauguró sus fiestas en total tranquilidad; demostró, una vez más, que su cultura está viva, respira en la calle y se entrega por completo al mundo.

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