“En Pochutla, hace poquito una malabarista me quería pegar porque nada más, porque estábamos dándole en el mismo crucero y como que le ganó el ego y los celos”, afirma Miranda Licea mientras se prepara para comenzar su rutina en uno de los semáforos ubicados en el Monumento a Lázaro Cárdenas, en la capital oaxaqueña; y continúa: “(las autoridades) en lugar de proporcionarme ayuda, qué me iban a hacer, me iban a levantar a mí por estar trabajando en la calle, en lugar de apoyarme”.
Nació en la Ciudad de México, pero decidió mudarse a vivir a Oaxaca. “He tenido dos, tres problemas aquí en el semáforo y en la calle; no le puedo decir a las autoridades, porque en vez de ayudarme me van a quitar lo que gané”, afirmó.
“Me dedico a muchas cosas del arte, soy bailarina, llevo tres años haciendo circo, circo callejero, soy cantante, me gusta hacer artesanía”, indicó en entrevista exclusiva para NOTICIAS Voz e Imagen de Oaxaca.
“Pero luego sí pasa mucho que nada más porque te ven así, la facha, la banda que le late la calle, pues te discriminan y te molestan… se acercan y te quieren empezar a revisar y que no sé qué, y a ver qué traes”, expresó.
Los riesgos de la calle
“Ese día que me querían golpear a mí, ¿qué me iban a decir? es tu problema, para qué trabajas en la calle”; con esta declaración resume su opinión sobre la relación entre las autoridades y las personas que se dedican a trabajar en los semáforos.
Miranda Licea afirma que la suerte es un factor clave de la vida que se da en las calles de la entidad oaxaqueña. “Depende si tienes buena suerte o no, porque hay veces que tienes muy buena suerte y te topas banda súper buena onda, súper buena vibra”; no obstante, en otras ocasiones la situación es contraria, como indicó al inicio de la entrevista.
“En todos lados hay gente buena onda y mala onda”, comenta a sus 23 años y durante su visita a la capital oaxaqueña, a donde llegó por unos días.
Acoso y falta de cultura vial, una realidad
“Soy mujer y vengo maquillada, pues hay señores que te dicen cosas en un lenguaje muy lascivo; es muy incómodo porque creen que porque te dan una moneda te pueden faltar al respeto”, aseguró sobre los riesgos que existen en los semáforos.
Relató que en una ocasión, un limpiaparabrisas la tomó de la muñeca y no la quiso soltar, hechos que ocurrieron en la Ciudad de México, por lo que no le quedó otra opción que defenderse; "tuve que darle unas patadas", expresó.
“No hay mucha cultura vial”, comenta y relata: “estaba dándole al semáforo y al lado atropellaron a unas personas, yo nada más vi cómo volaban al lado de mí” y se pregunta, introspectiva, "¿qué hubiera pasado si hubiera sido yo?"
Posteriormente, recuerda: “a mí me atropellaron aquí en Oaxaca; cuando llegué, el primer día que pisé aquí en Oaxaca, me atropellaron”.
Un escenario que trasciende
Miranda Licea lleva 12 años de su vida dedicándose al arte y tres presentando arte circense en las calles.
“Soy muy creativa, me gusta estar imaginando cosas y luego haciéndolas; ya después me di cuenta de que el arte sí le gusta a las personas y las conecta y también, es muy bonito, en los restaurantes, o donde sea que me presente, la gente lo recibe también con mucho amor y alegría”, dijo.
“Pero yo siento que la calle es mejor, porque es un escenario no igual de trascendente sino que hasta más trascendente; en la calle pasan todos, todo el mundo te ve”, comentó con una sonrisa siempre dibujada en la boca.
Como todo escenario, la calle también trae dificultades, a las que Miranda Licea se enfrenta con valor. “En primera no me dejo correr, porque si te dejas correr en donde sea que te las vuelvas a topar, ya valiste”, aseguró.
Finaliza la entrevista y entonces comienza el espectáculo circense, que no recibe aplausos, tampoco sonrisas, pero algunos dan una moneda en reconocimiento a esta propuesta escénica, pero sobre todo en reconocimiento a la valentía de ganarse la vida de forma honrada en las calles.
23
años de edad tiene Miranda Licea
12
años lleva dedicada al arte
3
años cumple en la actividad circense



