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Huertos orgánicos de Oaxaca: a la deriva en plena pandemia

Foto(s): Cortesía
Redacción

Son auténticos oasis en el desierto; o por lo menos esa sensación transmite el hecho de estar en uno de estos lugares, los cuales actualmente se encuentran en riesgo de desaparecer a causa del crecimiento desmedido de la mancha urbana y de la acelerada población en zonas que antes eran rurales.



Se trata de las tierras de sembradío en zonas urbanas, popularmente conocidas en nuestros días como huertos orgánicos o huertos urbanos. Estos espacios de alrededor de una o dos hectáreas, están en riesgo de desaparecer debido a la falta de apoyo de las autoridades y a que la necesidad de vivienda se vuelve voraz con el paso del tiempo.


“Mi hija me dice ‘ya papá, deje ahí y mejor lotifique y venda o construya casas y rente o véndalas porque de la siembre nomás no, no deja’ y la verdad pues sí, esto se hace porque pues uno lleva ya muchos años en esto”, comentó el señor Antonio Gerardo Mancera Jiménez, campesino de segunda generación, originario de Santa Lucía del Camino y dedicado a la siembra de maíz, frijol, cebolla y ajo, entre otros productos.



Ideas como la de su hija le pasan por la cabeza frecuentemente, cuando busca el apoyo de alguna instancia gubernamental que le brinde la opción de realizar una siembra productiva a través de la que, además de ofrecer productos naturales y orgánicos de calidad, se puedan generar empleos y activar la economía local.



“Aquí, el problema que tenemos es que cuando uno va a una dependencia, le dicen ‘es que Santa Lucía no es zona rural, ya no te podemos dar, no hay apoyos para el campo. Por ejemplo, yo no tengo apoyo de Procampo, bueno, creo que ya cambió el programa, pero ni así me lo dieron”, explicó Mancera.



En ese sentido, ahondó en los argumentos que le dan a la hora de buscar apoyos o integrarse a algún programa de beneficio social. Lejos de obtener respuesta positiva, él ve "piedras en el camino".


“Ponen requisitos, por ejemplo, es un decir, pero para que te apoyen con un tractor, tienes que tener por lo menos 60 hectáreas y pues aquí en Santa Lucía en dónde. Aún así, habemos bastantes pequeños productores. Y todos pasamos por lo mismo, porque por ejemplo, vas y dices que quieres un invernadero; lo primero que te preguntan es ‘¿tiene usted su concesión?’, esta es para el pozo, para poder sacar agua y regar. Esta la entrega la Comisión Nacional del Agua, pero ya desde ahí ya te empiezan a poner trabas”, lamentó.



Mejor pa’l norte


La explosión demográfica y la necesidad de poseer un espacio para vivir, son dos de los factores que tienen en vilo a la tierra de sembradío en muchos lugares, a tal grado de convertirlos en terrenos habitacionales y, a los pocos espacios que quedan, llevarlos a transformarse en huertos orgánicos o urbanos.


Esto también ha propiciado que la gente que originalmente se dedicaba al campo, ante la reducción de espacios para su labor, haya optado por decisiones radicales. Don Antonio lo cuenta.



“Se siente uno impotente de poder hacer algo, por eso uno mejor agarra el camino de dejar de sembrar en el campo y vámonos, mejor pa’l norte. En mi familia muchos han hecho eso porque no tiene caso, nos ponen muchas trabas. Va uno a Sagarpa (ahora Sader) y te dicen ‘no, es que no es zona rural, no te podemos apoyar’ y uno necesita el pozo, el agua, el tractor…”, relató.



Por si algo faltaba, la pandemia


Si ya de por sí es difícil la situación que enfrentan espacios como Mi Huertita, el huerto de don Antonio Gerardo, y en general todos aquellos dedicados a lo mismo, la cuesta se puso más empinada con la situación de la pandemia por coronavirus (COVID-19), que no hizo más que agravar la crisis de los pequeños productores.


“Antes de la pandemia, por ejemplo, una yunta valía 45 mil pesos; ahorita, por la situación ya te están dando 25 mil. O sea, los carniceros te ofrecen casi la mitad de lo que valía antes de la pandemia. Lo mismo pasa cuando vas y compras un bulto de alimento, una paca de alfalfa… te vale 140 pesos y un animal cuánto come, por lo menos media paca se come, si no es que una entera”, explicó el campesino.




El temor a un contagio, por supuesto, no pasó desapercibido para él y su familia. “Vendíamos aquí los domingos en el tianguis de acá de Santa Lucía, en Árboles, pero desde que empezó la pandemia ya no hemos ido, mejor aquí lo poquito que se venda. Nada es lo que va uno a ganar si se puede uno contagiar y al rato en cuánto va a salir. Es difícil porque en un caso así, no te va a alcanzar ni lo de tu cosecha, el campesino está muy abajo, está desprotegido”, concluyó.


6


meses en promedio pasan para ver la ganancia de una siembra


2


hectáreas llegan a medir los huertos orgánicos o urbanos



 

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