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¿Larga vida al TMEC?

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por: Gerardo Gutiérrez Candiani 

 

Como anticipaban especialistas y mercados, el gobierno de Estados Unidos anunció que no renovará el TMEC por 16 años más y opta por revisiones anuales. El que Donald Trump concediera la extensión no era probable, ni lo es, por ahora, en los dos años y medio que le quedan en la Casa Blanca. Hay que asimilar con realismo la decisión y actuar con pragmatismo hacia delante.

A nuestro favor, el comunicado del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) explicita que el diálogo continuará y el tratado seguirá vigente hasta que se resuelvan los diferendos o su eventual terminación en el plazo previsto de 10 años. Además, confirma una ronda de negociación –sin Canadá– para el 20 de julio. Son precisiones clave, pues el principal riesgo ha sido que Estados Unidos lo rescinda. 

El TMEC establece que cualquiera de los socios puede retirarse en cualquier momento mediante notificación con seis meses de antelación. Sin embargo, Trump no puede hacerlo sin incurrir en importantes problemas legales –requiere aval del Congreso–, políticos y económicos, al confrontar al sector privado de su país y detonar importantes afectaciones económicas, incluyendo en estados republicanos. Ahora es claro que no está en sus planes inmediatos. 

El rechazo a la extensión del tratado puede verse como “mal menor”, en espera de un mejor escenario para la renovación mientras lo fundamental se mantiene, sin peligro de ruptura inmediata y con espacio para acometer una prioridad urgente: que se eliminen o reduzcan los aranceles Sección 232 a vehículos y acero, aluminio y productos que los usan, los cuales están golpeando severamente a esas y otras industrias. 

Si México lo logra y se avoca a resolver las problemáticas internas que también están detrás de la caída de la inversión y el estancamiento en nuestra economía, estaremos ante un mejor panorama a mediano plazo.

Como “pilón”, es una buena noticia que el sector automotriz y el equipo negociador de México hayan logrado un compromiso de que las autopartes (las que cumplen con las reglas de origen del tratado) no serán gravadas con los aranceles 232, como se amagó.

La decisión de no renovación no es la óptima para México, pero era previsible y, a pesar de la retórica del presidente estadounidense, el tratado está en pie, al menos hasta 2036. 

Desde luego, persistirá la incertidumbre que ha impactado a cadenas productivas y proyectos de inversión a largo plazo. No obstante, ésta no solo obedece a la revisión y al estilo de negociación y proyección de poder de Trump, que recurre a la imprevisibilidad y usa al tratado para presionar en otros asuntos: también responde a problemas y pendientes en nuestra cancha.

La perspectiva de revisiones anuales no significa que cada año se renegocie el tratado con riesgo de cancelación, sino abordar puntos específicos. Además, la ampliación de la vigencia puede acordarse en cualquier momento en todo este tiempo.

El Secretario de Economía Marcelo Ebrard ha detallado que la USTR planteó 54 asuntos en 2025 y 11 este año. Se asume que quieren cerrar "puertas traseras" por las que exportaciones chinas eludan sus aranceles. En esa línea, buscan endurecer las reglas de origen, elevando el porcentaje de Valor de Contenido Regional (VCR) en áreas clave como vehículos eléctricos, baterías, semiconductores y metales.

Actualmente, para que un auto se exporte sin aranceles en la región debe cumplir con un 75% de VCR. Estados Unidos quiere que supere el 80% y, para su mercado, 50% de origen estadounidense (10% adicional) para evitar los aranceles Sección 232. Además, demandan una fiscalización aduanera rigurosa y prohibir que mercancía con procesos mínimos de ensamble o etiquetado califique como norteamericana. Inclusive podrían presionar para homologar aranceles y mecanismos de supervisión y bloqueo de inversiones chinas en industrias estratégicas. 

En nuestro caso, además, hay una vinculación con temas de seguridad y migración, y están bajo lupa las recientes reformas en materia energética, judicial y de organismos reguladores.

Como punto de partida ideológico, Trump quiere bajar los déficits comerciales. Respecto a México, en 2025 llegó a casi 197 mil millones de dólares –el segundo tras el de China–, pero hay que poner en la balanza que ellos nos vendieron 338 mil millones: ya somos su principal cliente y proveedor. La relación es asimétrica, pero como señala el experto Luis de la Calle, existe una codependencia arraigada y mutuamente conveniente.

Por lo pronto, casi 85% de nuestras exportaciones a Estados Unidos seguirá libre de aranceles y, como afirma Ebrard, tenemos el arancel efectivo promedio más bajo en ese mercado: 3.6% cuando para el resto del mundo –principales exportadores– se ha disparado arriba de 11% y a 21% para China.

Además de seguir buscando la confirmación del tratado en aras de la certidumbre, México debe insistir en que se eliminen los aranceles extraordinarios que afectan gravemente al 15% restante de nuestras exportaciones, particularmente a la industria automotriz. 

Al arancel extraordinario de 25% a autos se resta el porcentaje fabricado en Estados Unidos, pero varios modelos de armadoras japonesas, europeas y coreanas fabricados en México hoy tienen una carga mayor que si se exportasen desde sus matrices con tasa fija de 15%, sin las engorrosas reglas del tratado. Enfrentan la crisis con reingeniería de cadenas de suministro, diversificación de mercados, o ajustes laborales y financieros, pero la paradoja no es sostenible. Noticias como el traslado de líneas de producción de Toyota de Baja California a Texas y los dilemas de Nissan o Stellantis deben verse como focos preventivos.

Lograr la eliminación de esos aranceles no es tarea fácil, máxime con la relación bilateral en un momento político tan complejo, pero es preciso hacerla.

En general, México aún puede beneficiarse en grande con el nearshoring, pero, además del TMEC, necesitamos fortalecer nuestra infraestructura, especialmente energética, una política industrial público-privada de avanzada y abatir riesgos regulatorios y jurídicos.

Como ha señalado el columnista Enrique Quintana, el comunicado de la USTR habla al mismo tiempo para las exigencias de Trump y las del empresariado estadounidense que defiende el tratado. En México deben estar claras las prioridades de la nación: con el tratado, la relación bilateral y la política económica.

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