¿Por qué una victoria colectiva se transmuta en violencia? Al observar las recientes escenas que dejó el triunfo de la selección mexicana sobre Ecuador en este mundial de futbol 2026, resulta reveladora la línea que cruzamos: de un festejo legítimo a un saldo de detenidos, heridos, daños materiales y muertos. El derecho a la alegría, a festejar y a disfrutar de la vida pareciera haberse salido de control.
Actuar de manera impulsiva, primitiva e infantil frente a un triunfo no es algo nuevo. No pretendo señalar los hechos desde una mirada moralizante, sino sacar a flote la disposición psíquica y las leyes universales que operan detrás de este fenómeno social.
La fragilidad de los diques psíquicos
Sigmund Freud, en sus Tres ensayos de teoría sexual (1905), explica que durante la temprana infancia se construyen barreras para contener nuestras pulsiones más salvajes: el asco, la vergüenza, la moral y la estética. Él suponía que estas tendrían que quedar instauradas antes de los 5 años. Estos son los diques psíquicos que nos permiten vivir en civilización, pues suponemos que permitieron que esta se instituyera. Lo que vimos en las calles después de la victoria de la selección mexicana es la demostración de que, en nuestra sociedad, esos diques están fragilizados.
A esto se suma lo que el propio Freud advirtió en Psicología de las masas y análisis del yo(1921): cuando el individuo se integra a la multitud, el anonimato disuelve su superyó (su conciencia moral). Si a un individuo con diques psíquicos débiles le inyectamos el alcohol,que es por excelencia el disolvente químico de la vergüenza, y lo sumergimos en la masa, el resultado es el retorno inmediato a la barbarie.
La física del caos
Este rompimiento del tejido social no solo obedece a la psicología, sino a las leyes más estrictas de la física. La Segunda Ley de la termodinámica nos advierte que cualquier sistema cerrado tiende inevitablemente al caos y al desorden, un concepto conocido como entropía, lo que significa que el desorden del universo siempre aumenta, a menos que se aplique una fuerza estructuradora que lo contenga.
Una multitud eufórica es un sistema al que se le inyecta una cantidad masiva de energía (la victoria deportiva y el alcohol). Al carecer de fuerzas que estructuren esa energía (los diques psíquicos frágiles o la falta de autoridad policial), el sistema obedece a la física pura: transita rápidamente del orden del festejo al caos absoluto de la violencia.
Las matemáticas de la violencia
La violencia de las masas no es estática ni lineal, es expansiva. Para entender cómo un pequeño altercado en un festejo crece hasta convertirse en una tragedia, basta observar el crecimiento del Caracol de Fibonacci.
La sucesión matemática de Fibonacci dictamina que cada número es la suma de los dos anteriores, generando una espiral perfecta, de la misma manera, la violencia en la masa se contagia en espiral. Esta sucesión matemática encontró diversas aplicaciones como en la computación, tendencias bursátiles, teorías de juego, etc.
El acto destructivo de un solo individuo valida y suma la agresividad del que tiene al lado, la violencia gira hacia afuera, haciéndose exponencialmente más grande a cada segundo: empieza con un grito, le sigue un empujón, luego un cristal roto, hasta llegar a la pérdida de una vida.
La cadena de errores
Esta fisura del tejido social, ¿es culpa del fútbol?, ¿del alcohol?, ¿de los padres de estas criaturas? Seguramente no hay un culpable solitario, detrás de una catástrofe de este nivel hay una silenciosa y estructurada cadena, que llamaremos errores —por darle un término—. Inicia en hogares donde no se instauraron o no se lograron con fuerza: la moral, la vergüenza, el asco, ni la estética; ello toma fuerza en un sistema que permite el consumo desmedido de inhibidores químicos; estalla cuando la masa otorga impunidad y culmina porque la entropía dicta que el caos siempre reinará donde no hay contención. No es pasión por el deporte, es la radiografía de una sociedad a la que se le olvidó cómo ser libre sin ser destructiva, sin perder la civilización, esto puede ser la confirmación científica de por qué fracasamos como sociedad en medio de un triunfo.
