Hoy en día, todo es diferente a causa de la pandemia por coronavirus (COVID-19) en Oaxaca. En los diferentes atractivos turísticos del primer cuadro de la capital, hay poca afluencia de personas; el comercio está a la baja y ahora todos llevan cubrebocas y guardan la "sana distancia".
El cambio a la "nueva normalidad" empieza a permear en el paisaje urbano de la Verde Antequera, a tal grado que hasta aquellos lugares en los que el color, la vendimia y la verbena parecían elementos perpetuos, se han cubierto por una sombra grisácea que incluso removió aquellos aspectos que alegraban la vista.
Claro ejemplo de esta situación son los mercados, el 20 de Noviembre y el Benito Juárez; este último, distinguido porque, literalmente, se puede encontrar de todo, es tal vez el que más ha sufrido los impactos que han dejado los estragos de la pandemia. Locales cerrados, pasillos vacíos y menos comerciantes ambulantes, son ahora estampa común.
Las más afectadas
Entre los "afectados" están las mujeres que se dedican a la venta de tortillas blandas, tlayudas, chapulines, semillas y verduras como rábanos o cebollas, entre otras. Apostadas todas, antes de la pandemia, libremente en los accesos de los mercados, ahora ofrecen sus productos solo en las entradas habilitadas y controladas.
Los pocos paseantes que entran al mercado, previa toma de temperatura y baño gel, no ayudan a recuperar las ventas. “Suponga que antes traía yo 300, 400 tlayudas y se vendía gracias a Dios todo. Ahorita traigo 200, 250 porque está bajo y aun así a veces me quedan que las 15, que las 10, poquitas pues, pero aun así, se queda”, platicó la señora Graciela, tlayudera de San Agustín de las Juntas.
Respecto a si ha mejorado la situación tras la reanudación de actividades ahora bajo la nueva normalidad, ella no ve mucha diferencia.
“Sí va mejorando, entre comillas, no mucho pero mire, al menos estamos aquí vendiendo y eso ya es ganancia, gracias a Dios; yo todo ese mes, mes y medio que se cerró aquí el mercado, pues de plano me la vi difícil; en mi casa –su casa- pues sí nos la pasamos difícil porque todos aportamos y en esos días no había”, dijo.
Si algo ha provocado la pandemia es que todos sufran; unos poco, unos mucho, otros menos, otros más, pero todos a su manera han padecido los estragos que provocó la propagación de la COVID-19 en Oaxaca. Por ello es que los testimonios se parecen tanto; para muestra, la señora Beatriz que, al igual que doña Graciela con las tlayudas, se quedó sin poder vender chapulines, semillas y tejate.
“Ay no, Dios mío, yo rogaba porque esto se fuera, porque esto se acabara y no nos enfermáramos, eso es lo que menos queríamos y menos como estuvo la situación que nos cerraron aquí el mercado, que tuvimos que buscar dónde vender; yo no le voy a mentir, la verdad yo anduve casa por casa una semana a lo mucho y me guardé. Dije ‘ni modo, que se vayan los ahorros’ y mire, ahora aquí andamos ya de nuevo, otra vez rogando a Dios que ya se vaya esto porque nomás no eh, está bien baja la venta”, señaló.
Recuperar el tiempo perdido
Y añadió que aunque a causa de la COVID-19 estuvo sin trabajar un tiempo, no perdió las ganas de seguir trabajando y ahora busca recuperar ese "tiempo perdido". “Pues yo creo es de paciencia ¿no?, es de calma, de esperar que nos vacunen a todos y pues echarle ganas, primero Dios vamos a salir adelante y esos meses que no hicimos nada, pues ya, nos sirvieron de vacaciones”, platicó entre risas.
Platicando con alguna de estas mujeres, queda patente que el ánimo por seguir trabajando y sobre todo por salir adelante no se achica y mucho menos ante un virus. Agarradas a que sus productos son casi emblema de la gastronomía oaxaqueña, las "placeras" o "marchantas" contagian la esperanza de que todo mejorará.
“Es parte de la vida, todos nos vamos a morir. Pero mire, mientras eso pasa y ese día llega, tenemos que comer, tenemos que trabajar y haya o no haya gente, uno tiene que venir, echarle ganas y salir adelante, no hay de otra. Y eso cómo va a ser, solo con el favor de Dios, nada más”, concluyó la señora Graciela.
“Sí va mejorando, entre comillas, no mucho pero mire, al menos estamos aquí vendiendo y eso ya es ganancia”.
Graciela, Tlayudera.
400
tlayudas vendían diario antes de la pandemia
200
tlayudas venden ahora, en la contingencia




