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Sismo y lluvias "sepultan" a Yatzeche

Foto(s): Cortesía
Redacción

SANTA INÉS YATZECHE, Zimatlán, Oaxaca.- Los habitantes de la localidad guardan un mal sabor de boca, a un año de la contingencia que enfrentaron en septiembre pasado por las inundaciones a causa de las lluvias y los daños de los sismos, pues se quedaron solos.


Debido al terremoto de 8.2 grados que se registró el pasado 7 de septiembre y afectó severamente al Istmo de Tehuantepec, las autoridades estatales restaron importancia a la tragedia de Yatzeche, al grado que a la fecha no se han vuelto a parar para cumplir con lo que prometieron.


“Vinieron, pero luego se fueron”, dice don Elpidio García Trinidad, quien a sus 63 años y de oficio campesino, lucha por recuperar su patrimonio perdido, porque prácticamente todo se lo llevó el agua.



“Se ahogó mi caballo, tres marranos, chivitos, gallinas; el agua no me dejó ni trastes para comer, pero qué le vamos a hacer, no podíamos salvar todo”.



Recuerda que la salida del agua del río Atoyac empezó el 4 de septiembre en la tarde, fue la primera inundación, pero debido a que las lluvias fueron intensas, el 6 de septiembre volvió a desbordarse el río y ante la magnitud de los daños, ese día por la tarde llegaron funcionarios de gobierno.


“Aquí vinieron, vieron cómo estábamos y nos dijeron que nos iban a ayudar a reponer nuestras cositas; pero como todo, saliendo de la casa se les olvidó. ¡Nada, nada!, mejor que no prometan”.



Pero don Elpidio no guarda rencor por lo incumplido; incluso bromea: “pues ahí para la otra, que nos pase lo mismo, que vengan en helicóptero a rescatarnos, porque su camioneta no va a pasar”.   


Lluvias y sismo


A los habitantes de Yatzeche no solo les fue mal con la inundación en sus casas, también con el temblor del pasado 7 de septiembre. Los habitantes que no acudieron a los albergues, buscaban dónde pasar la noche; el  pueblo se encontraba en penumbras, cuando sintieron la fuerte sacudida.



“Salimos gateando, buscando por dónde salir porque teníamos el agua”, explica don Elpidio, quien finalmente con su familia accedió a trasladarse al municipio de San Pablo Huixtepec, cuyas autoridades abrieron un refugio y les dieron cobijo y comida.


De los 952 habitantes de este municipio, ubicado a escasa una hora de la capital oaxaqueña, al menos 500 sufrieron la entrada de agua a sus viviendas; en total, el 60 % quedó bajo el agua, literal; aunado a que la mitad de cosechas de alfalfa, maíz y frijol, se perdieron.



Mientras que por los sismos, dos viviendas y dos bardas se derrumbaron; además, 50 casas presentaron fracturas, pero ninguno de los afectados recibió ayuda de los gobiernos, pese a que fueron revisadas por personal de las dependencias.


Después de que bajó el nivel del agua, el 9 de septiembre, los afectados tardaron un mes en retirar escombros, sacar lodo y limpiar sus casas. “¿Quién nos va ayudar?, nadie; nosotros solos lo hicimos todo”, dice Claudia García.


En riesgo permanente


Aunque este año las lluvias fueron benevolentes y hasta se excedieron, dado que no llovió para salvar varias milpas, la comunidad enfrenta un riesgo permanente.


La inundación que sufrió el 2017 se trató de la tercera que padecieron en un periodo de 10 años; la primera ocurrió en 2010, y la segunda en 2012. Aunque se han realizado medidas, estas son insuficientes.



El regidor de vigilancia, Antonio Matías Aquino y el tesorero municipal Federico García Aragón, mencionan que tras la contingencia del año pasado, la Comisión Nacional del Agua (CNA) construyó un bordo en las orillas del río, pero no lo terminó.


De los dos kilómetros, solo la mitad se pudo realizar; lo grave es que en la zona más baja de donde recurrentemente se sale el agua del Atoyac y entra directo a la comunidad, no lo hizo.



Los funcionarios mencionaron que desconocen los motivos de por qué Conagua no terminó los trabajos y los dejó a su suerte, por lo que de manera propia, los escombros que salieron de las casas derruidas fueron colocados en las orillas del río, para que se pueda contener el agua.


Antonio Matías y Federico García confirmaron que el Ejército Mexicano llegó a la población para aplicar el Plan DN-III; sin embargo, la contingencia de los pueblos del Istmo a causa del sismo, obligó a los castrenses a abandonarlos.


Confirman también que no hubo un respaldo suficiente de las autoridades e incluso nunca llegaron los apoyos prometidos por el DIF para los damnificados; “todavía vienen a preguntar que si ya llegaron, hasta piensan que nosotros nos lo quedamos, pero la verdad es que no hubo nada hasta el momento”.


Detallaron que las autoridades se comprometieron a apoyar con recursos del Programa Empleo Temporal, a fin de ayudar con aproximadamente mil pesos a los pobladores que limpiaran su casa.


Verifican daños, pero no ayudan


También llegó una aseguradora para verificar los daños a cultivos; sin embargo, es la hora que desconocen qué pasó y si los van a ayudar.


De las escuelas, solo una resultó afectada, la Telesecundaria Vicente Guerrero, la cual fue movida de lugar, dado que se encuentra a escasos metros del río.


A la fecha, las autoridades están reparando todos los daños, pues las tuberías se taparon, el sistema de drenaje y el pozo de agua potable; de este último se compró una bomba nueva y se desazolvó  para reanudar el servicio inmediato a los pobladores.



A la fecha mantienen la esperanza que las autoridades volteen los ojos para lograr acciones conjuntas que puedan prevenir contingencias a futuro.

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