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Puente IV Centenario: entre agua y baches

Foto(s): Cortesía
Redacción

“De este lado jefe”, le dice Florentino a un automovilista, quien agobiado por los baches y el agua acumulada, avanza a vuelta de rueda. El sol salió, pero el agua sigue estancada y ninguna autoridad hace el menor intento por arreglar la carretera; mientras, decenas de vehículos circulan.


El paso a desnivel del puente IV Centenario, ubicado a un costado del Parque del Amor y en las riberas del río Atoyac, es un desahogo para el tráfico de Periférico, y una entrada importante de los municipios de la zona conurbada de Santa Cruz Xoxocotlán, San Bartolo Coyotepec y la Villa de Zaachila, rumbo al centro de la capital oaxaqueña.


Sin embargo, durante la época de lluvias, el paso a desnivel se convierte en una auténtica laguna, tanto que del lado de la colonia Santa Anita, el paso a la circulación vehicular fue cerrado.


Del lado de la Universidad Regional del Sureste, el paso está habilitado, aunque el asfalto desapareció desde hace mucho; “hace rato  sacamos un coche que se metió en un gran bache”, explica Florentino Vásquez, quien se dedica a tapar los baches con piedras, ante la ausencia de las autoridades.


Doce años tapando baches


“Yo me dedico a la albañilería, pero cuando hay este tipo de trabajo, apoyo para tapar los baches; es por mi cuenta, en mi carrito traigo piedras y tierra, además de las herramientas para sacar los carros cuando caen en los hoyancos”, señala Florentino, de 49 años.


Vestido con un chaleco naranja, para ser visible, el albañil la hace de policía vial, pues dirige el tráfico; de chalán, cubriendo piedras; de rescatista y hasta de mecánico.


“Aquí he estado semana con semana, tiene 12 años que me dedico a esto; he estado en la mayoría de los puentes de Riberas del río Atoyac”, dice Florentino; “hasta los agentes viales me dan dinero, es que no es asunto de ellos también”.


El hombre que combate los baches, tiene 49 años, una esposa y tres hijos, a los cuales les ha dado estudios con lo que gana de albañil y lo poco que le dan los automovilistas.


“La gente deja de a pesito, a veces sólo me llevo 200 pesos, no sale ni para la gasolina; ahora ya no tengo gasolina, por eso ya me tengo que ir aunque la situación no haya mejorado mucho”, destaca.



Los vehículos sufren graves daños al cruzar el desnivel. FOTO: Román Carlos

En días con lluvias puede ganar hasta 350 pesos, pero ayer hasta el mediodía no había obtenido ni 25, con lo que no puede comprar gasolina para transportar piedras y tierra.


“Hay unos que no agradecen, uno los ayuda y hasta groserías te dicen”, destaca Florentino; “hay tubería para que salga el agua, lo que pasa es que el caño se rellenó de tierra”.


De los tres últimos días que ha laborado bajo el puente IV Centenario, sólo una persona del gobierno se fue a parar a la zona inundada, sólo para realizar un señalamiento que en unas horas el viento se lo llevó; “a pesar de que cuenta con drenaje, toda la tubería está llena de tierra”, explica el albañil.


Automovilistas pierden la calma


Mientras Florentino toma un descanso, un automovilista le grita “ponte a rellenar los hoyos”, con gesto despectivo; a pesar de que muchos no le dan ni un peso, le exigen que haga el trabajo.


“No sólo es aquí, es todo Riberas, es una carretera que está totalmente destruida y con las lluvias la situación se agrava”, explica un automovilista mientras espera a que un camión salga de un bache en el que una de las llantas quedó atascada.


La mueca de desesperación es habitual en los conductores en esta zona; “en estos 12 años hasta un arma me han mostrado”, explica Florentino, quien tuvo que correr para escapar de un automovilista enojado.


Intransitable para los peatones


Beatriz camina todos los días sobre la avenida Riberas del Atoyac, al lado del desnivel del puente IV Centenario, y cuando llueve poco falta para que necesite una lancha, pues los charcos invaden hasta las banquetas.



Un lado del desnivel del puente IV Centenario quedó deshabilitado y esta es la razón. FOTO: Román Carlos

“Tenemos que rezar para que los automóviles no nos echen el agua cuando pasamos; desde que yo recuerdo no han hecho ni una sola reparación en la calle”, se queja Beatriz.


Sobre el mismo puente el asfalto se ha resquebrajado y los automovilistas tienen que sortear, mientras que Beatriz tiene que seguir su camino sobre el Parque del Amor, el cual se encuentra lleno de basura y vendedores ambulantes.

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