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Oaxaca se alista para recibir a los Fieles Difuntos

Foto(s): Cortesía
Redacción

En Oaxaca, la víspera de los Fieles Difuntos muestra el gran amor que sus familias les tienen y lo emblemática que es la muerte para esta cultura. A poco de su llegada, los preparativos para su recepción, se avistan en todas las comunidades de la entidad.


Cada noviembre, los hogares oaxaqueños se pintan de colores, se impregnan de aromas exquisitos y pasan del dolor a la fiesta, por la alegría que causa a las familias el tener esa convivencia espiritual que se da en estas fechas, con quienes ya partieron.


Los toques de aquellas costumbres, manías y gustos de las almas que pronto llegarán, están plasmadas desde la entrada de los hogares y en cada altar que se coloca, lo que implica que iniciada la semana, productores de la temporada se alisten para que no falte lo necesario.


Cuando la muerte representa vida


Desde hace 46 años, por su deseo de tener al alcance una flor para su segunda hija, que murió a los nueve meses de edad, Blanca Nelva Niño Cerna comenzó la tarea de sembrar cada pedazo de tierra que tiene a su alcance con flor Cresta de Gallo, Cempazúchitl, San Miguelito y Flor de Angelito; lo que inició como un acto de dolor y amor, se convirtió al paso del tiempo en una actividad que hoy le genera recursos que contribuyen a la economía familiar.


Y es que en Soledad, Etla, de donde es oriunda, las tradiciones están más vivas que nunca; y preparar la recepción de la familia que ya falleció, es todo un ritual que se debe cumplir a cabalidad.


“Mire qué ironía, producir la flor y la jícama, para mí esta temporada representa vida; en este lugar somos dos mujeres nada más las que nos dedicamos a esto; soy una sobreviviente al dolor de perder a mi hija y al cáncer; soy diabética, pero soy mujer, y las mujeres somos fuertes, peleamos contra la muerte, aunque la celebramos”, dice.


Agregó que en las comunidades como la suya, la conmemoración de los Fieles Difuntos es una obligación moral  y aunque “pobremente”, sus difuntos encontrarán en los que fueron sus hogares, por lo menos una taza de chocolate y pan.



Mayra Robledo Niño y su familia elaboran alrededor de 8 mil piezas de pan que se distribuyen en la Ciudad de México y Soledad, Etla

“Y no solo en esta época, cuando menos, cada 15 días hay que llevarles una flor a nuestros difuntos, porque esa flor representa vida y una forma de decirles 'no estás aquí, pero en mi corazón vives'”, puntualizó.


Los Muertos son generosos


No hay temporada de Muertos que quienes lo celebran, no anhelen saborear el Pan de Muerto, esa figura alargada o regordeta hecha de harina, huevo y levadura que representa en cada altar, a los familiares que ya partieron.


La tradición ha ido cambiando conforme pasa el tiempo, y hoy, no solo se prepara el acostumbrado pan de yema; la nuez y las pasas forman parte de los exquisitos sabores que conforman la variedad que prepara la familia de Mayra Robledo Niño.


Pasada la segunda quincena de octubre, la familia entera conformada por cinco integrantes, inician la jornada que les permite enviar por lo menos ocho mil piezas de pan a la Ciudad de México y abastecer a parte de la comunidad que demanda para estas fechas el producto.


“Es una temporada donde la familia también se une en torno a la labor que desarrollamos para satisfacer a nuestros clientes de aquí y del Mercado de La Merced en la Ciudad de México; es un momento para recordar y convivir en torno a ese recuerdo; nuestros muertos son generosos, pues aunque ya no están, gracias a esta celebración nos proveen”, comentó.


Y el molito no lo perdonan


A pesar de lo costoso que es elaborar el tradicional mole, en casa de Rosa Velásquez Santaella, los días previos a la Celebración de los Fieles Difuntos, las horas no alcanzan para preparar el platillo más recurrido en la temporada.


Aunque todo el año el mole negro es preciado, entre el 15 de octubre y el 5 noviembre la demanda del producto es alta y muestra de ello es que en tan solo en una semana, Rosario ha tenido que entregar 28 kilos de pasta de ese alimento.


“A pesar de que los costos se han elevado, la gente no le falla a sus muertitos porque el molito no lo perdonan, sobre todo si es casero como lo hacemos aquí; colocarlo en el altar es darle gusto y honrar a nuestros muertos porque es un platillo que en los pueblos se sirve en ocasiones especiales”, comentó.

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