Cuando Roberto Ortiz Montesinos partió de Oaxaca, lo hizo con la intención de dar una mejor vida a su familia y consolidar con su esposa Carmen el sueño de alcanzar un nivel de vida que en su tierra jamás obtendría.
Llegar a los Estados Unidos implica, además del riesgo por el paso hacia esa nación y la persecución xenófoba de la migra, la necesidad de empezar a laborar donde quiera que sea, donde haya una oportunidad.
Dejar a su esposa y sus hijos no fue nada fácil, pero Roberto estaba decidido a dar lo mejor de sí mismo para que no pasaran privaciones; su vida no había sido fácil, el más pequeño de seis hijos y aunque sus padres eran profesores, la familia era grande y había que avanzar.
Mountain View, California, es el lugar que lo vio llegar; la idea que tenía de ganar dinero rápido se desvaneció una vez que, de entrada, se topó con que el apoyo de un familiar que lo recibió, consistía en prestarle un sofá para dormir.
Caminar, buscar, cambiar la comodidad de su hogar en Oaxaca para lograr el sueño americano, se convirtió en una pesadilla que nunca imaginó.
“Fueron muchos días caminando, me encontraba de pronto a mis paisanos y eso me alegraba un poco porque me daba esperanzas de encontrar trabajo; algunos incluso llegaron a ser indiferentes, eso dolía y mi ánimo se iba apagando”, cuenta a Noticias.
Las motocicletas y su pasión por el motocross lograron que Roberto se convirtiera en un técnico en mecánica en Estados Unidos, lo que lo colocaría después como un importante empresario
Mecánica, su pasión
Cuando Beto salió de Oaxaca, era conocido entre algunos jóvenes afectos al motocross, porque siempre se lució en las competencias. Quienes lo conocieron, saben bien de las inquietudes del entrevistado, manifiestas desde su infancia; el tremendo Montesinos tenía fama de enamorador y travieso, pero siempre con ganas de triunfar.
Luego de varios días en el país vecino, Roberto encontró su primer empleo como ayudante en la cocina de un restaurante, su gusto no duró mucho y aunque le pagaron bien, al poco tiempo decidió renunciar.
“No era lo mío, en Oaxaca yo tenía mi taller de motos; de este lado, colocarme en uno me llevaría mucho, pero nunca me dí por vencido. Un día, uno de los talleres más importantes de la zona me abrió las puertas y a partir de ello, mi vida cambió”, dijo.
A punto de botar todo
La nostalgia invadía su vida, necesitaba a sus hijos y a su esposa, tanto que pensaba seriamente en abandonar su sueño y regresar al país, solo que la derrota no es una palabra que esté en su vocabulario.
En cuanto tuvo oportunidad, Ortiz Montesinos mandó por su esposa e hijos, sin pensar que su llegada causaría graves problemas con el familiar que lo alojaba y quien de manera inmediata le pidió dejar el departamento.
“Teníamos que salir muy temprano los cuatro y volver muy tarde; mientras yo trabajaba cambiando aceites y barriendo, mi familia estaba en la calle esperando que me desocupara, expuesta a que el manager los corriera, en medio del calor y con hambre”, recuerda con nostalgia.
Llega la oportunidad
La segunda empresa en donde se empleó le dió la oportunidad de contar con el recurso para comprar un carro usado; ahí alojó temporalmente a su familia mientras él trabajaba; fueron varios meses angustiosos, pero al fin pudo crecer en la empresa y comenzó a hacer tareas mecánicas; con la mejora salarial, vendría su primer departamento.
“Todos teníamos una tarea, mi esposa quedaba en casa, me hacía mis alimentos y mis hijos me los llevaban; teníamos que ahorrar lo más posible y yo capacitarme continuamente, sólo así las cosas cambiarían para nosotros”, señala Roberto.
Con el paso de los años, dejaría de barrer el taller y lograría ser técnico en mecánica, lo que lo coloca como jefe de una de las empresas mecánicas más prestigiosas del norte de California.
“Ahorré y sacrifiqué muchos años a mi familia, pero logré el objetivo, puse mi propio taller; pero la vida me tenía más sorpresas, pues 14 años después de llegar a barrer el primer negocio de mecánica, también pude adquirirlo para convertirlo en el más importante del lugar”, indica.
