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La pasión de Jessy vence al cáncer

Foto(s): Cortesía
Redacción

Son las 9 de la mañana y los vecinos de la Agencia de Santa Rosa ya están listos con sus jarras y pocillos esperando el peculiar grito de Jessy: “¡Atole!, ¡tamales!” se escucha desde la esquina de una calle del fraccionamiento Elsa.


Poco a poco comienzan a reunirse alrededor de la joven de 27 años, quien desde los 5 ha acompañado a su mamá a la venta de estos productos.


“Yo creo que la fuerza de gritar tan fuerte sale de las ganas de hacer este oficio. Es humilde y me da mucha satisfacción porque conozco gente nueva. Me gusta vender atole y cuando no lo hago, me arrepiento”, comparte.



Desde hace 22 años, Jessy ayuda a su familia a vender atole y champurrado.

Jessica Osorio, con una sonrisa en el rostro, empuja por las calles su triciclo, saluda a la gente, incluso se detiene a platicar con los vecinos. Comparte que le gusta mucho vender sus productos y a pesar de que su mamá le diga que descanse, ella afirma que se aburre y que los clientes se quedan esperándola.


Un  señor se acerca a ella y le pregunta sobre su salud, pues Jessy porta un pañuelo sobre la cabeza que cubre su corto cabello que está renaciendo. En agosto pasado, el cáncer la sorprendió.


El cáncer no la detuvo


“En agosto me operaron de emergencia por un tumor en el ovario que resultó ser maligno. Me dieron quimioterapias, pero eso no me detuvo”, reconoce.


Recuerda que durante ese tiempo, un joven le ayudaba a empujar su triciclo y al no poder hacer su peculiar grito, optó por tocar las puertas de sus clientes.


“No te das cuenta en qué momento llegan las enfermedades; a pesar de todo, yo me veía y me sentía bien y resultó que no, pero esa enfermedad no me venció; seguí adelante”, comparte.


La también estudiante de Administración informa que recibió tres quimioterapias y que ya le falta el 10 por ciento de recuperación, pero esto no la derribó, pues “si te aferras a algo que te gusta, ya la hiciste y esto es lo que me gusta, vender mis memelas, empanadas, cocinar de todo”.


Admite que lo peor que le pasó fue no poder acercarse al fuego para preparar los productos que también vende afuera de su casa.


Negocio familiar


Jessy recuerda que al principio solamente vendían 10 pesos al día; no obstante, su mamá se sentía satisfecha con esa cantidad. También recuerda, entre carcajadas, que la primera vez que hizo tamales, éstos no se cocieron.


“A mi mamá se le ocurrió la idea de hacer tamales porque mucha gente se los pedía y nosotros sólo llevábamos atole”, recuerda.


Afirma que fue ella quien la animó a vender en otras colonias y fraccionamientos de la agencia, pero ella se resistía, pues creía que no le compraría; ahora, ya conoce a todos los vecinos.



La primera vez que la familia Osorio hizo tamales, éstos no se cocieron.

“Para no aburrir a la gente, pasamos un día del lado del fraccionamiento Los Sauces y el otro en el fraccionamiento Elsa y así ya saben qué día esperarnos”, detalla.


La comerciante admite que hay días en los que se le queda el producto y deben tirarlo o dárselo como desperdicio a los animales, ya que “se espesa y tiene un sabor diferente; además, a mi abuelita no le gusta vender el producto de otro día”.


Para este Día de la Candelaria, los pedidos aumentan para la familia Osorio, pues les piden tambos de atole y ollas de tamales como en esta ocasión, que ya entregaron 80 el día sábado y entregará más en los próximos días.


Jessy detalla que la ganancia del día es para que su familia, de siete integrantes, tenga para comer; “si no vendemos, no comemos ese día”.


“Cuando era chiquita me molestaba trabajar vendiendo, pero con el paso del tiempo me di cuenta que es un oficio humilde; no le robo a nadie y me da de comer; entonces pensé: ‘¿Por qué me enojo?’”, admite.


Lo que venden


Atoles:

Blanco

Arroz con leche

Panela con trigo

Piña

Champurrado

Maíz tostado

Tamales:

Mole

Frijol

Rajas

Verde

Limón


 

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