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Huertos escolares, apuesta en Oaxaca por mejorar los hábitos alimenticios

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Desde hace más de dos años los traspatios de siete escuelas de la zona circundante al vertedero de basura municipal de la capital de Oaxaca y sus municipios conurbados, asumieron el reto de desterrar los alimentos chatarra de la dieta diaria de las niñas y los niños. Su apuesta no fue la prohibición, sino la producción.


A través de la siembra de sus propios insumos, privilegiaron no sólo el consumo de alimentos saludables, sino a la construcción de un pensamiento consciente de los beneficios que éstos aportan.


“No se trata de regular o no regular lo que se vende o no se vende, más bien el acceso que hay a ciertos alimentos. En este sentido, posicionamos el huerto no sólo para tener una garantía de alimentación, sino para tener acceso a alimentos con nutrientes adecuados”, destacó Esperanza Cárdenas Salcido, coordinadora de Programas de Sikanda organización que ejecuta este proyecto.


Al trabajar en el tema de alimentación -expuso- se tienen que colocar las responsabilidades en donde debe de ser, por un lado, la que les toca a las instituciones del estado con sus representaciones gubernamentales y por otra parte de las y los consumidores, en ambos casos para la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes.


El proceso de enseñanza -destaca- es integral; la niñez y adolescencia se acercan de otra manera a los alimentos a través de su participación desde la elaboración de la composta, diferenciar la fertilidad de la tierra, el contacto con la semilla, la siembra y el contacto con la planta en su crecimiento hasta que da frutos.


Apuntó que esto tiene un impacto emocional de autocuidado en su relación entre la niñez y la agricultura, “hace que se miren a sí mismos como seres vivos en crecimiento, entonces, esa relación que establecen con la planta, más allá de que la vean como un alimento, la ven en relación de los nutrientes y cómo el consumo de ese alimento va a ayudarme para cuidarme, entonces se borra esa parte de comer una ensalada sino algo en lo que invertí mi propia energía”.


De la misma manera -agrega- hay una valoración del trabajo en equipo, de la suma de esfuerzos, que sobre todo en niñez y adolescencia se hace indispensable, esto en el marco que la mayoría de las propuestas vienen desde una mirada adulta, entonces no hay un respeto o un respaldo a las voces de las niñez y adolescencia.


En los huertos, además del trabajo de la población escolar, también involucra la participación de padres y madres de familia.


En total son cinco primarias, dos secundarias y un bachillerato, en donde se tiene presencia de huertos bajo la coordinación de Sikanda. Por su ubicación geográfica suma otro reto que es el acceso a agua, pues la que se extrae del lugar tiene factores contaminantes y tóxicos.


Señaló que la siembra se hace de temporal con alimentos que son parte de la cultura de la localidad, es decir, los alimentos nativos aprovechados en diferentes dimensiones como son quelites, ejotes, rábanos, lechugas, acelgas, espinacas, romero, albahaca, además de plantas con uso medicinal.


Cárdenas Salcido puntualizó que si bien los huertos no surten toda la dieta de las familias, sí complementan la dieta en algunos de los hogares, mismos que enfrentan una condición económica precaria.

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