La historia refiere que desde la toma de Oaxaca por el Siervo de la Nación, José María Morelos y Pavón, las celebraciones por la gesta no se hicieron esperar; quizá desde entonces se iniciaron las festividades que años después se formalizarían para consolidarse en lo que hoy en día se denomina la máxima fiesta de los mexicanos.
El registro más antiguo que se tiene respecto a la celebración de las fiestas patrias en el Archivo Municipal, data de 1829. En una acta ilegible, tanto por el paso del tiempo como por el tipo de letra, tan adornada en esos tiempos, se instruye por el síndico de aquella época, que se cree una Comisión que llamaron para ese entonces Junta Patriótica.
“Por tanto, pide el referido síndico, que se nombre una Comisión que pase a poner en conocimiento al vicegobernador y gobernador de esta sagrada mitra, estas disposiciones; otra comisión, para que asociadas a los señores comisario de fiestas hagan el día de mañana el convite general para los días 16 y 17 del corriente…” es apenas algo de lo que se logra leer.
En su libro Estampas Oaxaqueñas, editado en 1935, Carlos Filio hace una referencia de lo entusiastas que fueron las fiestas del 15 y 16 de septiembre en principios de 1900, hasta llegar a ser tan importantes que su celebración obligaba a la gente a estrenar alguna prenda de vestir.
Los programas de las fiestas patrióticas se fijaban en las esquinas de los portales y grupos de curiosos comentaban los números de más interés. Los 21 cañonazos eran el número matutino que generaba mayor emoción entre la gente, que además, admiraba a la artillería salida del Cuartel de Santo Domingo y que marchaba hasta la Alameda en anuncio de las fiestas, señala el escritor.
“La ciudad iba siendo invadida por los vecinos de los pueblos cercanos; la plaza (de la Constitución) se adornaba con farolitos de colores y de poste a poste se prendían guías de festones de laurel o de musgo. Los jóvenes realizaban una especie de manifestación que resultaba simpática, en la que lanzaban una serie de arengas que terminaban con vítores para los héroes de la Independencia”, indica.
Rebelión y dolor opacan festividades
En tiempos actuales, el Grito de la Independencia en Oaxaca ha vivido dos pasajes relevantes que han marcado la diferencia en las celebraciones:
En el 2006, dada la crisis política que vivió Oaxaca, fue el magisterio y la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca quienes se apoderaron de la plaza principal, en protesta por la represión del entonces gobernador Ulises Ruiz Ortiz.
El Palacio de Gobierno no solo lucía vacío, sino lastimado y resonó mucho más la consigna contra Ruiz Ortiz, que el clamor que este emitió para recordar a los héroes de la Independencia.
Una década después, otro hecho marcaría la fiesta libertaria: el terremoto que sacudió a Oaxaca ocho días antes, obligó a que se suspendiera la fiesta y se cumpliera únicamente con el acto protocolario, dado el luto que embarga a los oaxaqueños, desde aquel fatídico 7 de septiembre.
El zócalo registró la más baja afluencia de su historia y las pocas personas que se dieron cita para distraerse del dolor y el miedo que acechaba por los sismos, no pudieron evitar las lágrimas, cuando el gobernador Alejandro Murat gritó con voz entrecortada: ¡Oaxaca está de luto, pero seguimos de pie!
Fiesta, música y color
La algarabía de conmemorar el 208 Aniversario de la Independencia en México y las gestas heroicas en esta entidad, dará oportunidad al pueblo oaxaqueño para convivir en un ambiente de alegría. Se espera que cientos de familias concurran esta noche al centro de la capital, pues a pesar de las heridas, hoy México celebra su libertad y aprovechará para exigir paz, desarrollo y progreso.
