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El Fortín, un hechizo para bailarines de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Cuando la ovación de las más de 15 mil almas retumban en la rotonda de las azucenas, una chispa en el cuerpo de los danzantes, hombres y mujeres, recorre todo su cuerpo hasta llegar al alma. Es esa alegría y emoción de dar un poquito de Oaxaca al mundo.


Más de 500 bailarines por cada una de las cuatro presentaciones de la Guelaguetza, viven una experiencia que definen como inolvidable, única e irrepetible.


La preparación de cada una de las delegaciones de la Guelaguetza no comienza semanas ni días antes de acudir al Cerro del Fortín, donde se encuentra el escenario en el que  dan vida al homenaje racial más importante de Latinoamérica, empiezan un año antes.


Y esto implica inversión económica y tiempo. Los bailarines están obligados a acudir a ensayos diarios en sus respectivas comunidades de hasta cuatro horas, cuyo esfuerzo da frutos a la hora de su participación; económicamente invierten en la confección de su indumentaria, alhajas y todos los elementos que llevan sus trajes, aunado a la Guelaguetza que reparten a los visitantes.


Un sueño hecho realidad


Para Anneliza Pineda pisar el templete del auditorio Guelaguetza frente a casi 11 mil almas juntas fue un sueño hecho realidad. "Para mí es la más alta distinción que he tenido, cuando yo miraba por televisión la Guelaguetza me dije que un día iba a estar ahí y lo hice".


Oriunda de la región del Istmo de Tehuantepec, del municipio El Espinal, la tierra zapoteca donde la alegría es chispa viva entre su gente, no puede definir tantos sentimientos juntos, pero los traducen en su sonrisa y contoneo a la hora de bailar la Sandunga.


Hace cuatro años pisó por primera vez el escenario y tan sólo escuchar los aplausos que se desprendieron cuando se anunció la participación de su delegación, sus ojos se llenaron de agua que contuvo para no permitir que los nervios la invadieron.



Anne, una joven cuyo máximo sueño era participar en los Lunes del Cerro y lo cumplió. Foto: Emilio Morales

Altiva con su resplandor en la cabeza, su traje de gala  del Istmo y su jicapextle sostenido en el brazo derecho, Anne dejó fluir y bailó como nunca.


“Hay sandunga, sandunga no seas ingrata, mamá de mi corazón”, esa melodía incomparable que eriza miles de asistentes, pues  algunos dictaminan que la correcta traducción de la palabra sandunga, de su lengua madre zapoteca, significa mujer alegre, salerosa y bailadora.


Para ella y los cientos de bailarines, ser parte de la máxima fiesta de los oaxaqueños es como ser estrellas por un día, "es increíble ser parte de un escenario internacional, tal vez tu rostro no sale a cuadro, pero sabes que al menos una persona te está mirando, te está tomando una foto o te está grabando con el celular".


"Nos entregamos a ellos (espectadores) y ellos a nosotros".


Inversión y tiempo


Detalla que al menos en su delegación, para las mujeres representa un gasto económico importante participar en la gran fiesta, pero vale la pena.


Un traje del Istmo de gala llega a costar hasta 30 mil pesos, dice, y el resto desde el peinado, maquillaje y alhajas tienen una inversión de hasta 5 mil. Esto es lo que una mujer del Istmo porta al bailar y es una tradición que la llevan a cabo en sus fiestas más importantes.


Mientras que preparar su baile tiene una duración de casi medio año que requiere tiempo y esfuerzo.


Pero detrás de cada delegación y bailarín hay un cúmulo de gente que está involucrada desde la familia hasta los amigos más cercanos que ayudan no sólo a prepararte, también a conseguir la Guelaguetza que se va a tirar el Lunes o bien para repartir en el desfile de las delegaciones que cada año se realiza un día previo a la máxima fiesta.



Aquí en el convite de delegaciones como parte de la representación del Istmo. FOTO: Emilio Morales

Un orgullo estar presente


De piel dorada, ojos grandes y expresivos, María Lilibet Alvarado García, integrante de la delegación de San Juan Cacahuatepec, región de la Costa, dice que participar en la Guelaguetza representa el más alto orgullo para un joven en su comunidad y que muchos quisieran tener.


Este 2018, es su cuarta presentación en los Lunes del Cerro. "Está es la oportunidad que tenemos de venir y poner el alto el nombre de nuestro pueblo que es  Cacahuatepec, de dar a conocer un poquito de nuestra cultura y nuestras tradiciones".


Lilibet representa la voz de los versos y sones en las melodías que interpretan un grupo de 20 bailarines de San Juan Cacahuatepec.


"Sal a bailar con ese, te lo permito y se te mira mucho dile que se ande con cuidadito. Hay la, la, la, la, la, porque yo creo que siendo tan aguado no sirves niño ni para el recreo", y en cada estrofa deja parte de su escencia y corazoón.


La Costa es considerada una tierra de mujeres  y hombres alegres que a través de sus versos picantes, dan muestra de su tierra dulce y ala vez salada por el mar que los rodea.

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